Punto de Vista Reflexión

2016

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2016
P. Juan Ángel López Padilla
Iniciar siempre un nuevo año debe llenarnos de esperanza, de la serena alegría de saber que tenemos por delante la oportunidad, no sólo de estrenar calendario o agenda, sino de vivir a tope cada día. La diferencia real entre el 31 de diciembre de 2015 y el 1 de enero de 2016, es en el fondo la actitud. Si los vemos como un día más, como una página menos o una página más; si los hemos visto como un jueves o un viernes más, dependerá de nosotros. Cierto que la diferencia entre uno y otro no ha estribado en si alguno tiene más minutos o más horas que el otro. Todo es cuestión de actitud. Se puede seguir viviendo como si nada fuese nuevo, como si las oportunidades no existen o atrevernos, mejor aún, decidirnos, a cambiar nosotros antes de pretender que cambien los días. Las páginas de un calendario no dependen de la fecha, sino de la brecha que vamos rompiendo cada día, del empeño que pongamos y de la fe que tengamos.
Para algunos puede verse todo como una ilusión o como un motivo de frustración, pero lo cierto es que estamos ya avocados a este nuevo año y mejor le sacamos todo el provecho posible. Dificultades habrá, habrá personas que  nos dejarán este año, retos tendremos y a ratos caeremos presa de nuestros errores o de nuestros pecados; pero, no dejará de faltarnos la Gracia de Dios. Es Año de la Misericordia y el Corazón de Dios no cambia en lo más mínimo. Por eso, depende de nosotros el decir con convicción: ¿dificultades? Serán superadas; ¿nos dejarán algunos hermanos? Pero desde el Cielo seguirán orando por nosotros; ¿retos? Los volveremos oportunidades; ¿errores y pecados? Nos ampararemos en el perdón de Dios y enmendaremos cuantas veces sea necesario recomponer la imagen que Dios ha querido formar en nosotros.
El 2016 es el año del Centenario de la creación de la Provincia Eclesiástica de Honduras. Sobre esto dedicaré en las próximas semanas varias de estas columnas, si el Señor así nos lo permite, porque negarse a reconocer la propia historia es a mi juicio: doble falta.
Para los de la Arquidiócesis de Tegucigalpa, este 2016 arrancará con las sesiones finales del Sínodo Arquidiocesano que ha venido gestándose por más de 5 años. Su realización, es decir, el empleo de instrumentos para el “Ver, Juzgar y Actuar”, de la realidad particular de esta porción del pueblo de Dios que peregrina en Francisco Morazán y El Paraíso, ha llevado más de 18 meses. Comenzamos el año con esperanza, con la certeza de que el Espíritu Santo no dejará de iluminar un proyecto que ha pretendido acercar criterios, generar consensos y proponer un proyecto común de pastoral.
Desde el inicio del proceso la intención ha sido clara: que los “discípulos misioneros lleven la alegría del evangelio a todos, cercanos o lejanos.”
Es evidente que no podemos seguir haciendo “más de lo mismo” y aunque es difícil atrevernos a soñar, a cambiar modelos que tienen años de estarse repitiendo, debemos creer que Dios nos está empujando a dejar de lado nuestros egoísmos y particularismos para lograr una pastoral de conjunto en la que la corresponsabilidad, sea la respuesta frente a las dificultades internas o externas.

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