Homilia

Homilía del Domingo 3 de Enero de 2016

p3homiliaHomilía del Señor Arzobispo para el II Domingo de Navidad

“Y la palabra se hizo carne y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria” (Jn 1,18)

La Palabra se hizo carne”, esta es la afirmación fundamental del Evangelio de este día de este domingo en el que seguimos celebrando que el Nacimiento de Jesús no es un mero hecho histórico sino que es mucho más, Él viene a nuestro encuentro y nos acoge a todos, acoge nuestra condición humana.
“En el principio ya existía la Palabra”. El término griego, (logos), significa mucho más que Palabra… “Logos” es más bien “sentido”, que se expresa en la Palabra… Habría que traducir mejor que “en el principio estaba sentido;” el sentido de todo… Esa realidad última que llamamos Dios…. En el principio existía el amor, alguien, que sustenta todo y da sentido a todo. En el principio no existía la nada. De la nada, nunca nace nada. En el principio existía alguien, existía el Misterio, el amor… Este Amor está en el origen de todo. De este amor ha surgido el gran designio del Padre: la Vida. En Navidad celebramos la vida de Dios en nosotros, en cada uno de los que estamos aquí reunidos.
“La Palabra era la luz verdadera que alumbra a todo hombre”. El, Cristo, es luz interior que alumbra nuestra oscuridad, que alumbra nuestro corazón, con la claridad de su amor…. “Vino a su casa y los suyos no la recibieron”.
No es una metáfora piadosa decir hoy que Dios “vino a su casa pero los suyos no lo recibieron”… Quiere decir que en todos nosotros está la dramática capacidad de rechazar el amor y también la posibilidad de poder elegir el camino que lleva a la vida o el camino en el que nos podemos malograr; significa también nuestra propia ceguera en la que podemos confundir la luz con la oscuridad. Dios puede no encontrar un lugar entre nosotros.
Dios no tiene casa en los campos de refugiados, en los que mueren de hambre, en los que sufren el odio y la guerra en Oriente Medio, en Irak, en Siria, en Burundi, en Congo, en Sudán y en zonas conflictivas de nuestro planeta. Dios, a veces, tampoco tiene casa en nuestro corazón cuando no podemos o no queremos acogerlo… Que podamos abrir nuestro corazón a los refugiados, los inmigrantes, ancianos que viven solos, y a los más necesitados… Nos preguntamos: ¿Tenemos un espacio para Dios en nuestra vida cuando Él trata de venir a nosotros? ¿Tenemos tiempo y espacio para Él? ¿No es precisamente a Dios mismo al que rechazamos? Lo estamos viendo en estos días de Navidad, reducida a compras, comidas, regalos, diversión pero Él está fuera de nuestra Fiesta.
“La Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros”. Es llamativo que el evangelista utiliza el término “carne” en vez de “hombre” para expresar que en Jesús, Dios ha asumido nuestra condición humana con todas sus debilidades y limitaciones, nuestra vulnerabilidad, tal como hoy la vivimos. “la palabra se hizo carne y acampó entre nosotros”.
Dios ha bajado a lo profundo de nuestra existencia y sin embargo la vida nos sigue pareciendo vacía. Dios ha acampado entre nosotros, y parece estar totalmente ausente de nuestras relaciones. Dios ha asumido nuestra carne y seguimos sin saber vivir ajustadamente nuestra condición humana. Dios se ha encarnado en un cuerpo humano y nosotros olvidamos que nuestro cuerpo es Templo del Espíritu, es decir, lugar de la Vida…. Su amor y lealtad se han hecho realidad y nosotros sólo percibimos lo negativo.
Se nos ha comunicado la vida y la luz y tal vez nosotros seguimos caminando por caminos de muerte y oscuridad. En Jesús, Dios acoge la fragilidad y la impotencia de nuestra condición humana. Esto es profundamente
liberador.
“Hemos contemplado su gloria: gloria propia del Hijo único del Padre lleno de gracia y de verdad”. La vida que se ha manifestado en Jesús se hace presente con esta fuerza de amor, más poderosa que nuestras tinieblas, más poderosa que la muerte y que nuestros infiernos. Porque la fuerza de la vida ha triunfado en la mañana de Pascua. Ese rostro que destruye la muerte es el del amor infinito de Dios que ha llegado hasta nosotros.
Hoy estamos invitados a abrirnos al Misterio de Dios que ha aparecido en Jesús. Nosotros podemos ver la vida brillar en Él, en esta fiesta de Navidad. En este domingo podemos decirle: ¡Ven, Palabra hecha carne! ¡Ven a ser el corazón del mundo renovado por el amor y la misericordia! ¡Ven especialmente allí donde más peligra la suerte de la humanidad!¡Tú eres “nuestra paz”! (Ef 2,14).

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