Editorial

Editorial del Domingo 3 de Enero de 2016

p4editorialLa indiferencia y la paz

Esas son las palabras claves del mensaje que el Papa Francisco envió a la humanidad en la celebración de la XLIX Jornada Mundial de la Paz.
Mensaje que inició con el envío de abundantes bendiciones y deseos de paz, en el signo de la esperanza, para el futuro de cada persona, cada familia, cada pueblo y nación del mundo. Especial mención para jefes de estado y gobierno y para los responsables de las religiones.
Y también con la esperanza que el 2016, comprometa a todos, a realizar la justicia y luchar por la paz, en el lugar donde se encuentren. Paz: un regalo de Dios y obra de la humanidad. El Papa Francisco parte de la realidad de los acontecimientos trágicos que están ocurriendo como la guerra de Siria, los atentados criminales en París, las crueles persecuciones por motivos étnicos o religiosos, la trata de personas.
Son sucesos que se han azotado diversas regiones del mundo, lo cual puede hacer pensar que se está viviendo ya “la tercera guerra mundial por etapas”. Pero el Papa reconoce también acontecimientos que, aunados a la gracia de Dios, ayudan a no perder la esperanza que es posible superar el mal. Evitando caer en la resignación y en la indiferencia.
Citó la Conferencia COP 21 recién clausurada en París, para definir formas de evitar los daños del cambio climático. También encuentra esperanzadora la Conferencia Mundial de Addis Abeba para obtener fondos para un desarrollo sostenible del mundo.
Asímismo resalta la Agenda 2030 para el desarrollo sostenible de Naciones Unidas, dedicada a mejorar las condiciones de vida de los más pobres. Pero el 50 aniversario del Concilio Vaticano II, en el 2015, lo califica como el hecho más esperanzador de todos, por la riqueza teológica y humana de sus documentos. Y que constituyen guía segura para vencer la indiferencia y construir la paz.
Define la indiferencia actual diciendo que es la actitud de quien cierra el corazón para no tomar en consideración a los otros; quien cierra los ojos para no ver aquello que lo circunda o se evade para no ser tocado por los problemas de los demás. Lo grave en la actualidad es que no se trata solo de una actitud individual, sino se ha llegado a una “globalización de la indiferencia”. Indiferencia ante Dios, que conduce al rechazo del prójimo y de lo creado.
Señala el Papa que existenlas personas bien informadas (radio, periódico, televisión y redes sociales) pero no se interesan por las dificultades ajenas, no se sienten comprometidos a ayudar, no viven la compasión. No abren su conciencia a un sentido solidario. La indiferencia y la despreocupación que engendra, son una falta al deber que tiene toda persona, de contribuir al bien común, particularmente a la paz. La indiferencia cuando llega al nivel institucional, induce a la corrupción y pone en práctica políticas inhumanas de dominación, que pisotean los derechos fundamentales de las demás personas.
La indiferencia por los demás, se vence cuando reconocemos que la misericordia es el corazón de Dios: Y Él, en Jesús, ha bajado entre los hombres y se ha mostrado solidario en todo y con todos. Es útil reconocer que todos son llamados a vivir como hijos de Dios y hermanos de Jesús.
La indiferencia se vence por el ejercicio de la misión educativa de la familia, donde se viven y se transmiten los valores: amor, fraternidad, convivencia, compartir, atención y cuidado del otro. La familia es ámbito privilegiado para la transmisión de la fe. Pueden ayudar a vencer la indiferencia hacia el otro, los educadores y los formadores, quienes tienen que estar conscientes que son también responsables de las dimensiones morales, espirituales y sociales de las personas.
Quienes trabajan en el mundo de la cultura y la comunicación social, son responsables en la educación y formación de quienes constituyen su auditorio y su público. Son elementos imprescindibles para vencer la indiferencia hacia el otro, cuando saben comunicar los valores del compromiso diario para construir un mundo fraterno y solidario.
El Jubileo de la Misericordia, vivido a profundidad será un elemento vital para vencer la indiferencia en el interior de la persona y abrirse a las necesidades de los otros. Jesús expresó así su actitud solidaria: “Y recuerden yo estaré con ustedes todos los días…. hasta el fin del mundo”.

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