Caminar Punto de Vista

Espinas y rosas

p5caminarPor: José Nelson Durón V.

ENSEÑANZA

San José quiere enseñar a los papás que es más valiente y santo criar, educar y formar hijos, que engendrarlos. María, la Madre, todo un ícono de santidad, humildad, obediencia y entrega; despojada de sí; todo lo guarda en su corazón y lo vierte en el amor a su Hijo y en el cuidado de su Familia.

Un par de tórtolas o dos pichones, precio a pagar por presentar al Hijo de Dios en el Templo. Treinta monedas de plata para entregarlo a la burda acusación farisea y conseguir su asesinato. Tres cantos de gallo para fallarle y la décima parte del sueldo en calidad de diezmo en algunas partes, para descubrir que salvedad no es lo mismo que salvación.

Hoy hacen falta ganar millones y gastar unos cuantos pesos en publicidad; con mujeres en cueros, niños y escenas extrañas, con todo y nieve, renos, árboles desconocidos y un millón de decibeles gritados al viento en moles insensibles, para arruinar oídos de gentes que ni para pagar médico tienen y para presumir alegría aunque su propia estrella no aparezca en la bóveda del cielo. Navidad comercial, inocua, vacía… vacía como bolsillos de pobres. Unas cuantas monedas acuñadas cada diciembre, donde se acuña también la culpa de la familia por todos los males. Como si fuera cierto. O como si las espinas no fueran parte de la rosa.

Dios supo escoger a San José para una misión excepcional: ser esposo de la Virgen María y padre adoptivo de Su Hijo, Jesús; y Custodio de la Sagrada Familia. San José está más cerca de Jesús y de la Virgen. Es un hombre de pocas palabras, pero de inusitada acción: lo mismo construye casas, que hace juguetes; muebles y puertas, que féretros; fabrica mangos de herramientas, que protege familias; el Hijo y la Madre de Dios son testigos. Construye un hogar donde priva el respeto, la paz, humildad, entereza, integridad; no desespera, no escandaliza, ni presume; no; él está sólo para cuidar, resguardar y proteger al Hijo de Dios; cero preguntas, infinita fe.

Profundidad espiritual eterna, sin medida; colmada por la sorpresa, el dolor y el cumplimiento. Recibe en sueños un Ángel que le afirma su misión; en la cueva, pastores asombrados con imágenes de ángeles en sus pupilas y palabras de extraordinarias visiones angélicas en sus labios; tres magos cansados por perseguir una estrella; y un Ángel, quizás el mismo del sueño aquel, que le echa carrera con todo y Familia hacia Egipto, para volver cuando el asesino Herodes viajara, ya muerto, sin equipaje y sin pompa, quién sabe para dónde… Supo criar, educar y formar al Hijo de Dios, que jamás dejó de crecer y fortalecer en sabiduría y de llenarse de la gracia de Dios, que estaba con Él.

San José quiere enseñar a los papás que es más valiente y santo criar, educar y formar hijos, que engendrarlos. María, la Madre, todo un ícono de santidad, humildad, obediencia y entrega; despojada de sí; todo lo guarda en su corazón y lo vierte en el amor a su Hijo y en el cuidado de su Familia.

El niño de mi colonia me contó más o menos esto: “Esta semana encontré mi estrella donde cayó exactamente hace un año. Y corrí a buscarla con el afán y el gozo de nosotros los niños, temiendo que las piedras y el sucio pudieran llegar a ella primero y la golpearan o ensuciaran. Los adultos se aburren con las estrellas que viajan y terminan por no creer en ellas. ¿Qué dónde cayó la mía? En mi hogar. Y los respingos de su luz iluminaron por un rato mi familia y todo mundo estuvo feliz; se abrazaron y comieron juntos, repartieron regalos y hubo tanta alegría que algunos hasta se emborracharon volviendo a ser viejos. Le pido yo al Altísimo Señor, que conserve mi familia como si fueran siempre niños y que jamás pierdan de vista su propia estrella”.

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