Punto de Vista Reflexión

Necesidad de Luz

p4padrejuanangelP. Juan Ángel López Padilla

¿RECONCILIACIÓN U ODIO?

Vamos a celebrar una Navidad más, pero en la que Cristo es menos conocido. La culpa de esto es una grandísima parte, de nosotros, los cristianos. Es absolutamente cierto que muchísima gente confunde a Cristo con los cristianos, y admitámoslo, muchas veces somos un muy mal reflejo del verdadero rostro de Dios. ¿Qué tan cristiana es nuestra sociedad? ¿Qué ha crecido más en los últimos años? ¿La indiferencia o la solidaridad? ¿La reconciliación o el odio?

Nuestro mundo se ha ido llenando de una oscuridad que las negociaciones de los que dirigen los destinos de los pueblos, y las componendas, no resolverá.

Pareciera como que cada día que pasa nuestro mundo se va sumiendo en una serie de acciones que en lugar de conducirnos a un desarrollo humano integral nos está sumiendo en una oscuridad en la que millones son dejados de lado, descartados. Hay mucho progreso técnico y tecnológico, pero reservado para un segmento de la población, no para todos. No podemos medir el desarrollo de nuestra humanidad en Gigabytes o Megapíxeles, pero sin duda pareciera que son muchos los que usan esas medidas para identificar felicidad.

Vamos a celebrar una Navidad más, pero no mejor. Nuestro mundo se va fragmentando cada vez más y en lugar de avanzar de manera decidida, pareciera como que tenemos un miedo endémico a hacerle espacio a la paz. No a la paz de los corazones cargados de fanatismo que pretenden imponer un camino lejano del respeto a las diferencias de criterios, de religión, de origen.

La santidad de la vida, lo sagrado de cada persona es algo que queda en las miles de “declaraciones” de los organismos internacionales, pero que en la práctica es sencillamente una fantasía, cuando no una quimera.

¿Vamos a celebrar Navidad? ¿Tenemos motivos para celebrar? Cada Navidad que se acerca es un cúmulo de bebiatas y comilonas. Nada de eso es Navidad. Tampoco es Navidad ese afán de cargarnos de cosas y llamarlas regalos cuando, el término regalo, viene de “regalía”, lo que le pertenece al Rey. Realmente ¿le daríamos las cosas que compramos o intercambiamos, al Rey de Reyes? Mucho de lo que esta época resume es el desesperado afán de poseer, que raya en una desesperación que enceguece, que paraliza todo sentido de humanidad.

Vamos a celebrar una Navidad más, pero en la que Cristo es menos conocido. La culpa de esto es una grandísima parte, de nosotros, los cristianos. Es absolutamente cierto que muchísima gente confunde a Cristo con los cristianos, y admitámoslo, muchas veces somos un muy mal reflejo del verdadero rostro de Dios. ¿Qué tan cristiana es nuestra sociedad? ¿Qué ha crecido más en los últimos años? ¿la indiferencia o la solidaridad? ¿la reconciliación o el odio? Estoy seguro que una buena parte de ustedes, estuvo tentada a decir que lo negativo. ¿Ven que hace falta la esperanza de la Navidad? Claro que ha crecido la indiferencia y el odio, pero desde la certeza de que la misericordia de Dios es tan abundante, mejor, sobreabundante, que sobrepasa todas nuestras expectativas, nuestras ideas; debemos una vez más celebrar la Navidad con renovada alegría, con la mirada puesta en la esperanza que significa el nacimiento de un niño.

¡Cuan lejos estamos del verdadero sentido de la felicidad! Bien nos decía Pablo escribiéndole a los Filipenses, que: la Paz que supera toda inteligencia, custodie sus pensamientos y corazones. La paz vendrá cuando aprendamos a no darle el corazón a lo que no lo merece y dejemos de darle vuelta a pensamientos autodestructivos. Cuando nuestro corazón esté centrado en el Niño que nace, tendremos una real Navidad.

A %d blogueros les gusta esto: