Diálogos "Fe y Razón" Punto de Vista

¿MISERICORDIOSOS?

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¿MISERICORDIOSOS? 2/2

Diac. Carlos Eduardo

Al haberse inaugurado el Año Santo de la Misericordia, estamos invitados, decíamos la semana pasada, a ser Misericordiosos como el Padre. Propusimos entonces la observancia de las siete obras de misericordia corporales. Hoy proponemos practicar las siete obras espirituales de misericordia.

1.- Enseñar al que no sabe. Dice una sentencia popular que “la caridad empieza por casa”. En materia educativa –por lo menos- es totalmente aceptable. Los padres son los primeros y más importantes educadores de sus hijos. Pero todos estamos comprometidos, como padres, maestros, autoridades, veedores, etc. a que en Honduras se brinde una educación de calidad. Además hay que enseñar a los demás a crecer espiritualmente.
2.- Dar buen consejo al que lo necesita. Está claro que padres y maestros están llamados a ser los mejores consejeros, lo mismo que nuestros pastores. Pero, además, puede ser un gesto solidario entre compañeros de trabajo, sobre todo a favor de los más jóvenes. Dar consejo es una obligación fraterna entre cristianos.

3.- Corregir al que se equivoca. La corrección de errores es parte del enseñar y del aconsejar. El Evangelio nos instruye, además, en la corrección fraterna, como un modo eficaz de ayudarnos mutuamente en el crecimiento espiritual. El pudor, el respeto, la libertad de conciencia, la tolerancia, son virtudes que, de no comprenderse bien, podrían dar por resultado el olvido de tan importante acción caritativa.

4.- Perdonar las injurias. Y hacerlo siempre, ya sea que me pidan perdón, o no. Es la lógica que encontramos en el Padrenuestro: perdonar a quienes nos han ofendido. “Yo perdono, pero no olvido”, dicen muchos. Que ellos –a su vez- me perdonen, pero considero que no hay buen perdón con reserva, ni con cláusulas condicionantes, o con memoria.

5.- Consolar al triste. Aparentemente la obra de misericordia más fácil de cumplir y la que más gusta. Hasta que te encuentras alguien verdaderamente inconsolable. Y hay cada vez más en Honduras, pues les han matado a los hijos, perdieron el rastro de sus parientes migrantes, o vieron a sus amigos denunciados por corrupción.

6.- Sufrir con paciencia los defectos de los demás. Qué bien se siente cuando nos tienen paciencia. Pero qué poca tenemos con la gente latosa, insistente, aburrida. A veces el defecto que tienen otros es ser pobres y pedir ayuda. Ricos y pobres son nuestro prójimo.

7.- Rogar a Dios por vivos y difuntos. Una de las mejores oraciones es la oración de intercesión. Dios quiere que le pidamos, pero no sólo por lo nuestro o por nosotros, pues casi únicamente decimos: “te pido, necesito, dame, etc…”

Que nos oriente la voz del Papa Francisco: “No caigamos en la indiferencia que humilla, en la habitualidad que anestesia el ánimo e impide descubrir la novedad, en el cinismo que destruye. Abramos nuestros ojos para mirar las miserias del mundo, las heridas de tantos hermanos y hermanas privados de la dignidad, y sintámonos provocados a escuchar su grito de auxilio” (MV, 15).

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