Caminar Punto de Vista

Gloria y paz

p5caminarPor: José Nelson Durón V.

EL DESIERTO

No importa el desierto que pasamos, siempre muestra algo de su hermosura, pese a ser lugar de tentación y salvación, de esclavitud y libertad; sólo es preciso saber cómo caminarlo. Eso tiene de grande el desierto, que en “algún lugar esconde un pozo”.

El Señor ha estado, como siempre, grande con nosotros y nos ha llamado a la alegría, misericordia y bondad, pese a nuestra situación de violencia que nos deja desamparados, desolados y ansiosos por el mañana. En medio de tanto dolor, nos llama a entender de una vez por todas sus palabras: “Felices los afligidos, porque serán consolados”. Paciencia, obediencia, penitencia, esperanza y oración, parecen ser lo necesario: todos aquellos que hemos perdido serán encontrados en el cielo, sin importar sus nombres, pertenencias o calidad de vida en la tierra; basta sólo un poquito de fe, tan grande como una semilla de mostaza, para derretir en nosotros su amor misericordioso. Este es el ingrediente adicional que se nos ha pedido: cubrir la soledad repentina que nos abruma en los acontecimientos, con el gozo profundo de una vida mejor en su casa. El llanto será gozo y serenidad. Se precisa ser mejor, pero definitivamente nuevo.

Abrir la santa Biblia es un compromiso, una alianza que acepto con toda el alma, un compromiso que afirmo con todas mis fuerzas y abrazo con toda mi mente. Tan solo abrirla me define y lanza mis pensamientos por todas las cañadas que Su misericordioso corazón abrió en la historia de todos los hombres. No puedo parar, pues Su voz anima mi vuelo y Su memoria acelera la mía. Las palabras alto, descenso, espera y despacio, han perdido su significado y sentido y el espíritu busca con ansia al Amado que aguarda, pacientemente, en la hondura de mi existencia. No importa el desierto que pasamos, siempre muestra algo de su hermosura, pese a ser lugar de tentación y salvación, de esclavitud y libertad; sólo es preciso saber cómo caminarlo. Eso tiene de grande el desierto, que en “algún lugar esconde un pozo”, como dice el autor de El Princesito. Y es tan profundo el pozo de la verdad, si acaso tiene fondo, que hombres de todos los tiempos, culturas e inteligencias continúan muriendo queriendo prevalecer la autoridad de unos cuantos puñados sacados, a fuerza de soledad, ansiedad o desesperación, en la terrible y fría noche del sufrimiento. El tornar de las páginas, beber cada sílaba y abrazar cada frase, Señor de los cielos, es un morir, un renovarse, un renacer y el alma bulle de entusiasmo pese al dolor de la andadura, porque sabemos que todos los Danilo, Arnold, Ondina Margoth, Marco Tulio, Mario, Pedro, Ethling, Carlos y demás, solamente tuvieron el coraje de caminar más fuerte para anticipar el dolor de atender Su llamada.

Abrir la santa Biblia también es un desafío a creer a pie juntillas, que acepto cuando la tomo entre mis manos; me obligo a dejar de jugar al olimpismo y a las carreras de obstáculos que el enemigo de Su palabra, mi Dios y Creador, ha sembrado en las páginas sagradas. Cuando leo, oro o asisto a la Liturgia en la dulce espera del Enviado, tiempo que Usted dispone para meditarla, descubro con sorpresa la profundidad materna y mariana de estar aguardando y entiendo el significado de esas bellas palabras que la Santa Madre de mi Señor exultó llena de gracia: “En adelante todas las generaciones me llamarán feliz, porque el Todopoderoso ha hecho en mí grandes cosas: ¡su Nombre es santo!” Y en el entorno de cada uno, voces angélicas dejan oír: “¡Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz, a los hombres que ama el Señor!”. Preparamos nacimientos, encendemos lucecitas y adornamos arbolitos, mientras los niños cantan villancicos para que el mundo se alegre al recordar con sorpresa y meditar sin entenderlo del todo, que todo un Dios nos nacerá, cumpliendo Su promesa, para redimir a los hombres y llenar al universo de dicha, gozo y tranquilidad por todos los siglos de los siglos. Amén.

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