Editorial

Editorial del Domingo 20 de Diciembre de 2015

p4editorialVivir la Navidad

TIEMPO PARA COMPARTIR

La Navidad un tiempo propicio para compartir con los más pobres y excluidos, especialmente los que están más cercanos. Es una oportunidad para practicar la compasión, imitando la humildad y pobreza de Jesús, que yació en un pesebre.

La Navidad es la celebración de un acontecimiento central en toda existencia humana: el nacimiento de Jesús. Es Dios mismo que asume la naturaleza humana, para redimirla. Y así Jesús es el Dios y hombre verdadero, que viene a traer la salvación a toda persona de buena voluntad, con tal que sea capaz de creer y confiar en Él.

La fecha de esta celebración es el 25 de diciembre. No es realmente la fecha histórica del nacimiento de Jesús. Pero la Iglesia de los primeros siglos escogió este día, para sustituir la fiesta pagana del “Natalis solis invicti”, dedicada a rendir culto al sol. Y precisamente en el festejo del solsticio de invierno (25 de diciembre) se realizaban las celebraciones más solemnes.

Para suprimir este culto idolátrico, la Iglesia promovió conmemorar el nacimiento de Jesús, quien es la verdadera luz que ilumina la senda de toda persona humana, para que pueda alcanzar el perdón de los pecados, la santidad de vida y trascender la propia muerte, mediante la resurrección para la vida eterna.

De manera que la Navidad es una fiesta religiosa, que se tiene que vivir desde lo profundo del corazón, para apreciar el infinito amor de Dios, que permitió la inserción de Jesús en la historia de la humanidad, en el seno virginal de María, la “llena de Gracia”.

Jesús hecho hombre convivió con sus contemporáneos, predicó el Reino de Dios y dio su vida en expiación de todos los pecados de la humanidad. Luego subió al cielo, envió el Espíritu Santo sobre su madre y los apóstoles, dejando fundada la Iglesia de la cual es la cabeza y todos los fieles son sus miembros.

Es la venida de Jesús, como Salvador, lleno de amor, bondad y compasión. Es la oportunidad de meditar y reconocer en toda su grandeza el Misterio de la Encarnación, en el cual “Dios se ha hecho hombre, para que el hombre llegue a ser Dios”.

También la Navidad es una oportunidad de preparación para estar atentos a la segunda venida de Jesús al final de los tiempos. Cuando Él vendrá a juzgar a vivos y muertos, para ordenar todas las cosas de acuerdo a la voluntad de Dios. Por ello, en las cuatro semanas que preceden a la Navidad, los fieles viven el Adviento, que es un tiempo de preparación espiritual para avivar su fe y esperanza, aceptando la salvación que Jesús ofrece.

Y es que a lo largo del Adviento, resuenan las palabras del Profeta Isaías, la prédica y el testimonio de Juan Bautista. Así como la presencia de la Inmaculada siempre Virgen María, y su esposo San José, cuyo ejemplo de humildad y sencillez, preparan el espíritu de los fieles. Así el día de Navidad, Jesús nacerá con mayor profundidad e intensidad en los corazones de los creyentes, y de esa manera crecerán en amor a Dios y a los hermanos.

Este sentido cristiano de la Navidad, se ha ido perdiendo en las últimas décadas. De una fiesta religiosa, se ha transformado en tiempo de promoción de comercio y diversión mundana. Especialmente para satisfacer caprichos de bienes suntuarios, licores, juergas y placeres sensuales.

Ha llegado a tal punto el desdén por lo religioso, que actualmente en muchos países se ha eliminado el tradicional saludo de “Feliz Navidad”, referido al nacimiento de Jesús. En vez de ello, el saludo es “felices días de vacaciones”. Por el tiempo libre destinado a divertirse.

La Navidad es una fiesta para celebrarla en familia, compartiendo con todos los parientes. Participando del arreglo del hogar, el cual debe resaltar el tradicional nacimiento y la corona de adviento. También asistir a los actos litúrgicos, de los domingos y fiestas de guardar, durante los tiempos de Adviento y Navidad.(que termina en el domingo del Bautismo del Señor).

La Noche de Navidad, se debe celebrar con la asistencia a la Misa, y luego la Cena Navideña, llena de platillos tradicionales, compartidos en familia. Y así, disfrutar de cantos, villancicos y la Palabra de Dios. Todo en un ambiente de paz, alegría y convivencia familiar amorosa.

Pero también es la Navidad un tiempo propicio para compartir con los más pobres y excluidos, especialmente los que están más cercanos, especialmente en este Año de la Misericordia. Es una oportunidad para practicar la compasión, imitando la humildad y pobreza de Jesús, que yació en un pesebre, llegando a vivir en su nombre en comunión fraterna, con quienes podamos compartir generosamente..

Vivamos hondamente estas palabras de Jesús: “Yo he venido para que tengan vida……..y la tengan en abundancia”.

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