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Todo es para todos

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Todo es para todos
Jóse Nelsón Durón V.
Tengo una amiga que se llama Paquita; en realidad sólo es mía su amistad, porque ella vive con Doña Irma, mi consuegra. Para tenerla cerca, después de una sesión de “piojitos” y silbidos para enseñarle, tomé una de sus plumas caídas y decidí ponerla en mi auto. Para recordarla y de paso como adorno, porque ella es de unos colores maravillosos, con azules y verdes tornasolados de un brillo fantástico; además, no puedo negarlo, para de alguna manera sentirla cerca y recordar cada momento en que ella se acerca y baja su cabecita; silva, se sacude, digo yo que “coquetamente”, ronronea, sube y baja su cabeza diciendo sí repetidamente, enfática y firme, como sólo pueden serlo los animalitos, los niños y los ancianos; los demás hemos perdido esa simplicidad, esa naturalidad y franqueza; la campechanía nos parece descuido o chabacanería; la sinceridad puede ser tachada de ingenuidad; la inocencia de simpleza o torpeza; la humildad de indigencia, bajeza, ruindad y desamparo; la afabilidad y la espontaneidad con frecuencia son juzgadas como búsqueda de algún provecho o deseo de seducción.
A veces asumimos que aquellas personas o aquellos seres que nos brindan su amor o su amistad nos pertenecen y actuamos en consecuencia. La verdad, pertenece todo a Dios y a nosotros nos pertenece solamente disfrutar la alegríay el amor que nos es dada por gracia absoluta de Dios.
Los momentos conlas travesuras de Paquita, mi amiguita, son cortos, pero llenos de una sencillez tan profunda que me dejan una sensación de serenidad inigualable.A estas alturas ya saben que me refiero a una lorita, por supuesto.
Nada es nuestro, pese a la insistencia con que utilizamos el instinto de pertenencia del entorno y sus seres y construimos con ellos una especia de castillo donde el único rey es cada uno de nosotros. Y también actuamos en consecuencia. De allí provienen las equivocaciones y abusos de autoridad, y terminamos destruyendo los castillos que previamente construimos en el aire. Nos sucede comúnmente; no sabemos delimitar las fronteras de lo nuestro para saber respetar lo ajeno, o no llegamos a entender “la gloriosa libertad de los hijos de Dios”, que se manifiesta de especial manera en que todo ha sido hecho para todos.
De la misma manera que la ley es general, la creación entera es para utilidad y provecho universal. La oración de la Iglesia es por ello universal, ora por todos los hombres y naciones y así debemos nosotros orar por los difíciles momentos que pasan algunos conciudadanos y la patria en general.
El sol, los árboles, el viento, el agua, el beso de un niño y tantos otros; el canto de un ave, la vista repentina de una flor, el saludo emocionado de un amigo, las aguas cantarinas de la quebrada, los preciosos amaneceres de diciembre y los ocasos rojizos en el lomo de nuestros cerros… todas estas maravillas son para todos, no tienen sello de pertenencia ni dedicación alguna.
Es más, desde la universalidad hasta la cortedad de ciertos momentos placenteros que el Señor nos ha regalado en la vida,tenemos la posibilidad de prolongarlos todo lo que queramos; como aquel par de plumitas que adornan mi autoy me sirven para recordar instantes de tranquilidad y gozo interno.
En el plano espiritual ese es precisamente el motivo, el propósito de los santos sacramentos, que la Iglesia disponga de medios espirituales y rituales para prolongar y continuar la obra salvífica del Señor Jesús, ofrecida y dada una sola vez y para siempre por el Maestro de Nazaret. En este tiempo de espera, penitencia y preparación, siguiendo las palabras de san Pablo a los Efesios, “deberíamos doblarnuestras rodillas delante del Padre, para que Él se digne fortificarnos por medio de su santo Espíritu, para que crezca en nosotros el hombre interior.
Para que podamos comprender, con todos los santos, cuál es la magnitud y la profundidaddel amor de Cristo, para que seamos colmados por la plenitud de Dios”.El Evangelio de san Lucas nos sugiere la prolongación en la historia del misterio de Dios al consignar las palabras de san Juan, el Bautista: “Es cierto que yo bautizo con agua, pero ya viene otro más poderoso que yo, a quien no merezco desatarle las correas de sus sandalias. El los bautizará con el Espíritu Santo y con fuego.” Amén.

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