Diálogos "Fe y Razón" Punto de Vista

¿Misericordiosos?

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¿Misericordiosos? 1/2
Diac. Carlos Eduardo  
carloseduardiacono@gmail.com
Al inaugurarse el Año Santo de la Misericordia, conviene que nos preguntemos cuán misericordiosos somos, sobre todo si tenemos en cuenta el tamaño del reto indicado por el Papa Francisco y que figura en el lema: “Misericordiosos como el Padre”. Parece una meta imposible de alcanzar y hasta una formulación prepotente, si no fuera que la misma fue hecha por el propio Señor Jesús al decir “Sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto” (Mt 5, 48). Y una de las características de Dios es que es misericordioso. Por supuesto, no es posible igualar su perfección. Se nos invita a tener una perfección humanamente alcanzable.
El magisterio de la Iglesia, en base a la sagrada escritura ha identificado siete obras de misericordia corporales y siete espirituales. Quien quiera hacer esfuerzos este año por ser misericordioso no tiene más que hacer el esfuerzo por cumplir con ellas, o al menos gran parte de ellas.
Veamos que podríamos hacer con las primeras. 1. Dar de comer al hambriento. No se trata de invitar amigos a comer, sino de atender necesidades inmediatas, como cuando se ofrece alimento a un indigente. Pero hay más: como sociedad, cada quien, desde su cargo público, profesión o influencia, debe trabajar, por ejemplo,  por la seguridad alimentaria,  o por ofrecer empleo, para que cada quien pueda ganar su pan con dignidad.
2. Dar de beber al sediento. Además de ofrecer un oportuno vaso de agua, como colectivo tenemos que esforzarnos por no contaminar ni las fuentes, ni los ríos, ni los mares, apoyar la construcción de reservas de agua y sistemas de riego, y comprometernos con la protección de cuencas.
3. Vestir al desnudo. Nos recordamos de hacerlo en Navidad. Pero cuidado con lo que damos, pues no se trata de que el indigente cambie harapos viejos por nuevos. El principio de subsidiaridad establece un orden para indicar quién debe atender al necesitado: primero la familia, luego los vecinos, luego las autoridades locales o regionales y, por último las nacionales o la cooperación internacional. Los subsidios económicos deberían ser sólo capital semilla para despegar.
4. Dar posada al necesitado. Me da la impresión que la mayoría de nuestros compatriotas tienden a ser bastante hospitalarios. Aún así se nos está planteando un nuevo reto con la atención a migrantes de otros países en tránsito por el nuestro. Deberíamos concertar estrategias pastorales y sociales para atenderlos. Y, por supuesto, apoyar programas de vivienda social para los nuestros.
5. Visitar al enfermo.  Este año es propicio para que en todas las parroquias revisemos nuestra pastoral de los enfermos, sobre todo de los que han sido olvidados por su propia familia, llevándoles auxilios sacramentales, medicina y compañía. Y como sociedad debemos presionar para que el sector salud atienda como corresponde a pacientes y derecho-habientes.
6. Socorrer a los presos. Visitarlos, atender sus necesidades espirituales y apoyar en lo posible a sus familias es la esencia de una pastoral penitenciaria. Sería buena idea extender la acción pastoral a los guardianes de prisión. Y quienes puedan, deberían analizar y proponer soluciones para acabar con la sobrepoblación carcelaria. Nuestra asignatura pendiente en esta materia es la rehabilitación.
7. Enterrar a los muertos. Podríamos decir que esto siempre lo hemos hecho. Pero debemos ver que los cementerios tengan condiciones dignas. El hacinamiento de tumbas, la suciedad, el deterioro de calles y muros hablan del descuido de las autoridades encargadas y de nuestra apatía.

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