Buenas Nuevas

“La gente preguntaba a Juan…”

p7tonySalinasAl encuentro de  la palabra… según San Lucas para la Lectio Divina
“La gente preguntaba a Juan…”
(Lc 3,10-12.16-17 – III Domingo de Adviento)
P. Tony Salinas Avery
asalinasavery@gmail.com
Llegamos ya al Tercer Domingo del Adviento celebrando al Dios de la alegría. En efecto, no puede ser de otra manera ya que el hilo temático es la alegría, la primera lectura del profeta Sofonías que usa un tono judicial, desarrolla un maravilloso cántico o himno a la alegría: “Goza, exulta, alégrate, exultará de alegría, se alegrará con gritos de júbilo como en los días de fiesta”. En la Jerusalén renovada se encuentran, como en un vientre fecundo (en el original hebreo “en medio de ti”, literalmente “en tus vísceras, en tu regazo”), el Señor y los justos en un abrazo de comunión y de paz. El tema de la alegría sigue en el salmo responsorial que no es del Salterio sino de un himno del libro de Isaías: “Mi canto es el Señor…¡Canten himnos, griten de jubilosos y exulten”. Luego se extiende en la carta paulina a los Filipenses: “¡Alégrense en el Señor, siempre, les repito, alégrense…!”. El vocablo griego usado por el Apóstol indica también la serenidad, tranquilidad, la bondad, la dulzura: el cristiano debe ser un espejo de alegría que Dios ha derramado en su corazón, debe ser fuente de confianza para todos los hombres y mujeres del mundo.
Tal es entonces tanta insistencia en la alegría, que el Adviento nos hace decir, que es un “tiempo-escuela” para que todos aprendamos lo que significa estar alegres. Son tantas las tristezas que vive hoy el mundo y acompañan el diario vivir, que el cristiano no puede agregar más tristezas al mundo y a sus hermanos.
Cristo aparece presentado además por Juan el Bautista, su precursor. Y, lo presenta exigente en tres compromisos morales que se imponen a tres tipos de personas que lo interrogan: la gente, los publicanos y los soldados. Se puede resumir los consejos dados por el bautista en dos palabras: “Justica y amor”. La preparación para la llegada de los tiempos mesiánicos exigen el restablecimiento de la justicia y sobre todo del amor.
Cabe muy bien entonces la pregunta que ellos hicieron para el hoy de nuestras vidas: “¿Qué tenemos que hacer?”. Juan nos respondería igual que lo hizo a la gente de su tiempo y que lo encontraron en las aguas del Jordán: practiquen la justicia y abran de par en par las puertas al amor. Así podrán recibir al Mesías que se acerca, ya que éste no es un Dios envuelto sólo de luz y lejano de la realidad humana. Él viene para inaugurar tiempos nuevos de equidad y de presencia de un Dios, cuya gloria es como señaló san Ireneo: “La gloria de Dios es la vida del hombre”.
Así pues, este domingo nos propone metas concretas, anda opcionales, porque están en el corazón mismo del mensaje cristiano que el Bautista anticipa. Amigos y amigas, retomemos las lecturas del domingo y démosle la importancia que tienen para un contexto como el nuestro que espera la acción eficaz del compromiso de los cristianos en tiempo de “aguas revueltas”. Dios nos ilumine para saber optar por el camino que lleva siempre a la vida.

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