Punto de Vista Reflexión

El Año de la Misericordia II

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El Año de la Misericordia II
P. Juan Ángel López Padilla
Se ha abierto la puerta del Año de la Misericordia. Hemos iniciado este tiempo de gracia tan particular y especial, que no podemos menos que estar con el corazón henchido de esperanza y de alegría.
Hace 50 años, cuando concluyó el Concilio Vaticano II, la Iglesia se presentaba como una comunidad en movimiento, como Pueblo de Dios. Después de cuatro años de intensas discusiones, de aprender a escuchar y de encontrarse por primera vez juntos más de 2130 obispos venidos de todo el mundo, la Iglesia salía fortalecida, consciente de su misión, firme en su vocación y dispuesta a dialogar con un mundo que de manera acelerada ponía en entredicho todos los valores sobre los que se sustenta la humanidad.
En estos 50 años muchísimas cosas han cambiado. Ya no existe el bloque soviético, la Guerra Fría terminó, algunos muros cayeron y otros se han levantado. La guerra convencional no existe más. La población mundial ha crecido en más del 300%. El deterioro medio ambiental es abrumador. Las comunicaciones de hoy en día eran la ciencia ficción de 50 años atrás. El hambre ha crecido y lo que se llamó en su tiempo países en vías de desarrollo, hoy ya no son ni Tercer Mundo. Las diferencias han crecido y el desprecio por la vida es increíble.
Hablar de aborto o de eutanasia hace 50 años era algo que jamás se pensó pasaría por las legislaciones de países que se llamaban a sí mismos desarrollados. Han crecido mucho los reclamos de derechos y se les ha denominado como tales, a los que no lo son. Las leyes de mercado valen mucho más que la Ley Natural. El fanatismo religioso no sólo es cada vez más temido, sino que incluso ha logrado una conflagración de dimensiones nunca antes vistas.
En 50 años la Iglesia ha crecido pero al mismo tiempo se ha estancado. El espíritu misionero necesita ser renovado porque son millones de gentes que se quedan sin el mensaje de salvación por el anti-testimonio de los creyentes y la falta de predicadores creíbles.
La Iglesia ha debido enfrentar en retroceso muchas veces los embates de aquellos que vendidos a sus pasiones o a sus desenfrenos han querido destruir en occidente el último baluarte de la moral. También hemos errado el camino muchas veces y, algunos de los nuestros, han cometido crímenes atroces contra indefensos abusando de la autoridad y el respeto que se nos otorga. Pero también es cierto que ninguna institución como la nuestra ha contado con la dirección de santos del calibre de Juan XXIII, Pablo VI, Juan Pablo II, Juan Pablo I, Benedicto XVI y Francisco. Nadie como la Iglesia está en todos los frentes de defensa y asistencia a los más necesitados; nadie ha derramado tanta sangre con las persecuciones de todos los totalitarismos habidos y por haber.
En síntesis: los retos no han disminuido sino que se han acrecentado y por eso este Año de la Misericordia, este año Jubilar quiere obligarnos a poner el acento sobre lo fundamental del corazón de Dios: su amor sin medida. Este amor sin medida se llama Misericordia. 2000 años o 50 años después la misión sigue siendo la misma: Testigos de la Misericordia que primero hemos experimentado porque somos pecadores en busca de redención.

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