Kairos Misionero

Camboya: mi tierra prometida

p38kairos2Obras Misionales Pontificias Arquidiocesanas se complace en presentar el siguiente testimonio y agradece la comunicación de la misionera laica Yessica Guzmán, hondureña asociada a la Sociedad de Misiones Extranjeras (SME) y quien ha escrito desde Asia.
Yessica Yadira Guzmán N.
Misionera Laica Asociada a la SME en Camboya
Con un poco más del doble de la población de Honduras, Camboya está ubicada en el Sureste de Asia y es un pueblo budista por religión. Aunque no es aquí donde comienza mi historia de misión, es en esta tierra donde Dios me envió a ser testigo de su amor y de su misericordia.
Mi nombre es Yessica Guzmán, pertenezco a la parroquia Espíritu Santo de Tegucigalpa. Salí de Honduras hace dos años y medio, llena de alegría, siguiendo esa llama y ese amor que Dios puso en mi corazón. Toqué tierra camboyana, donde me sentí como en casa, con “algunas diferencias”: nuevo idioma, nueva comida, nuevos aromas, nueva gente, nueva casa, etc. Pero todo venía del Señor y ahora siento nostalgia y una gran felicidad al ver atrás y reconocer la mano de Dios en cada momento de mi vida.  Se preguntarán: ¿qué hago aquí? Simplemente, ser testigo de las maravillas de Dios para con sus hijos.
Soy enfermera, así que trabajo en un refugio para enfermos, atendemos pacientes sin o muy bajos recursos en consultas de rutina tanto para niños como adultos y les ayudamos a recibir un trato más digno dentro de los hospitales públicos. Pero también está el área de pacientes con cáncer. En todos los casos, Dios me llama a ser presencia entre ellos y a darles una Palabra de aliento cuando la necesitan.
Pero aparte de ayudar, el Señor me ha enviado aquí para verlo a Él, para reconocerlo en cada persona que encuentro y atiendo día a día, y para aprender de la sencillez y el amor del pueblo camboyano. ¡Un pueblo que para mí se ha convertido en “el buen samaritano”!.
Les comparto a grandes rasgos una experiencia con una familia que me acogió sin saber quien soy, ni siquiera mi nombre. Se detuvieron a la mitad de una montaña donde yo estaba varada con una moto que se arruinó, por lo cual ya no podía llegar a mi destino. Esa familia me dio de comer y me acompañó mientras llegaba el mecánico a reparar la motocicleta, incluso se preocuparon de que fuese bien reparada para que yo lograra continuar sin más problemas. Una familia que me tendió su mano en todo sentido.
¿Pueden ver a Dios allí? Está muy presente. Presente en este pueblo que no es católico, pero que sus actos reflejan lo contrario. Un pueblo que vive, que llora, que sufre, pero que también sabe dar lo mejor de sí desde su pobreza, su humildad y su sencillez. Desde su corazón. Al igual que Moisés, no creo ser digna de ver los frutos de mi labor aun después de caminar 40 años en el desierto. Lo que sí puedo decir es que:
“¡Esta es mi tierra prometida! Esta es Camboya”.

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