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“Se acordó de su misericordia”

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“Se acordó de su misericordia”
Hemos entrado en el  Adviento, como período de espera de la Natividad del Señor. Este año 2015, el Adviento tiene el toque especial de la misericordia. En palabras del Papa Francisco “siempre tenemos necesidad de contemplar el misterio de la misericordia. Es fuente de alegría, de serenidad y de paz”.
Recopilación: Eddy Romero
emromero@unicah.edu
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La misericordia de Dios es uno de los grandes temas que salpican las primeras narraciones de la vida de Jesús y que impregnan las lecturas litúrgicas en  el tiempo de Adviento. Zacarías recuerda  que “por la entrañable misericordia de nuestros Dios nos visitará el sol que nace de lo alto” (Lucas 1,78), nos muestra el camino de la paz, del perdón de los pecados y de la salvación, realizando “la misericordia que tuvo con  nuestros padres, recordando su santa alianza y el juramento que realizo a nuestro padre Abraham” (Lucas 1, 72-73).
En este Adviento, todo ese caudal que de por si tiene este tiempo litúrgico se ve enaltecido por la apertura del Jubileo Extraordinario de la Misericordia. El Papa exhortó a practicar de un modo especial durante este año jubilar las obras de la Misericordia, corporales y espirituales. Estas obras serán un buen modo de constatar el amor a Dios y al prójimo. A su vez, será un momento propicio para  este peregrinaje. El Pontífice invitó a vivir la experiencia de ser “misericordiosos como el Padre” tal como lo reclama el lema de este Año jubilar.

PERSONAJES
Entre los principales personajes de este tiempo, estáel profeta Isaías, María de Nazaret, su esposo San José y Juan el Bautista, auténtico prototipo del Adviento. El gran pedagogo del Adviento es Isaías. Habría que leerle con una gran paz interior, dejando que sacuda nuestras conciencias dormidas, aliente a la esperanza, anime a la conversión, promueva gestos claros de paz y de reconciliación entre los hombres y entre los pueblos… Adviento es también el mes de María; es litúrgicamente más mariano que ninguno otro a lo largo del año. El icono de María gestante, o de la expectación, personifica a la Iglesia madre que está llena de Cristo y lo pone como luz en el mundo, para que el resto de sus hermanos habiten tranquilos hasta los confines de la tierra, pues él será nuestra paz.
María de Nazaret es la estrella del Adviento… Ella llevó en su vientre con inefable amor de madre a Jesucristo… Ella vivió un Adviento de nueve meses en su regazo materno y virginal, en su mente y en su corazón.
Juan Bautista, es el precursor, prepara los caminos del Señor, da a su pueblo el conocimiento de la salvación. Todo el afán especulativo y contemplativo de Israel es conocer la salvación, las maravillas del designio de Dios sobre su pueblo.

ORIGEN DEL ADVIENTO
Para conocer sobre el origen de este tiempo litúrgico, es preciso remontarse al siglo IV. “El Concilio de Zaragoza en el año 380, habla de un tiempo preparatorio a la Navidad, que comprendía desde el 17 de diciembre, es decir, ocho días antes de la gran fiesta del nacimiento de Jesús, y obligaba a los cristianos a asistir todos los días a las reuniones eclesiales hasta en día seis de enero.
En Francia, San Gregorio de Tours, mencionaba un período de ayuno a celebrar a partir del 11 de diciembre, lo que confirió al Adviento un carácter marcadamente penitencial… Nos consta en la Iglesia de Roma en el siglo IV una gran celebración de la fiesta de la Navidad… Progresivamente, según se va enriqueciendo de contenido teológico el memorial de la <nativitasdomini>, así se va diseñando el Adviento como una auténtica liturgia.
San León magno, Obispo de Roma en el siglo V, piensa el misterio de la Navidad como una preparación para la Pascua: el pesebre es premonición de la cruz y la llegada del Mesías asumiendo la humanidad es evocación de la segunda venida del Señor, revestido de poder y gloria.
De ahí que, con el paso del tiempo, el Adviento en Roma revistiera esa doble perspectiva y que se mantiene hasta el día de hoy: celebración de la Parusía del Señor que ha de venir y también celebración de aquel misterio de Cristo, su salvífica encarnación, que culmina en el misterio pascual, realizado por la muerte y resurrección del Señor. Así, pues, Adviento que en cuanto vocablo pagano no significa más que venida o llegada, o aniversario de una venida, asume un nuevo valor semántico: el de espera y el de preparación.

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