Buenas Nuevas

“El año decimoquinto…”

p7tonyAl encuentro de  la palabra… según San Lucas para la Lectio Divina
“El año decimoquinto…”
(Lc 3,1-6 – II Domingo de Adviento)
P. Tony Salinas Avery
asalinasavery@gmail.com
Entrados ya en el Adviento, vamos paulatinamente desenrollando el rollo del Evangelio de San Lucas, su finalidad en la lectura de hoy corresponde a su proyecto literario, que consiste en hacernos un retrato de Cristo, de quien él nos quiere asegurar no fue una idea ni mucho menos un mito. De allí, que nos haga al inicio de la lectura de hoy el mapa político de la Palestina, partiendo de aquel año decimoquinto del imperio de Tiberio (entre el 26 y el 28 de la era cristiana, según los diversos cómputos cronológicos); más aún, él acompaña esa fecha con un grupo de seis personajes históricos menores como para recrear ese momento de la historia. Para Lucas, Jesús es una realidad histórica, presente en los acontecimientos de los pueblos que tiene lazos con las fechas, no sólo de Israel, sino con las mismas del Imperio Romano.
Pero más allá de lo puramente cronológico, el texto de san Lucas nos ofrece además el retrato del Bautista, dibujado con la famosa frase del segundo Isaías, el profeta anónimo del retorno del destierro de Babilonia, cuya obra entró en el gran volumen del profeta Isaías. Con esta frase el Bautista nos introduce más y más en el tiempo del Adviento: “Preparen el camino del Señor, enderecen sus senderos”. Y el texto de Isaías continúa con la descripción de la preparación de este camino rectilíneo y llano, semejante a esos que en la antigüedad llevaban a los templos, los llamados “caminos procesionales” que se recorrían en medio de cantos y alegría. Esta es una imagen que el pueblo mesiánico adopta en su camino de encuentro con la luz del futuro, tan parecida a la realidad narrada por el Salmo 126 de hoy, al expresar cómo volvieron a su tierra después del destierro de Babilonia. A pesar de reconocer las maravillas realizadas por el Señor al devolverles la tierra, no dejan de tener “temor” de sentirse de nuevo libres.
Con el Adviento acompañados por el ingrediente indispensable que es la Palabra de Dios, sin la cual no hay tiempo de Adviento posible, se debe por la fe, abrir un camino derecho en medio de las tortuosas situaciones de la vida moderna, derribando esas montañas de idolatría construidas al consumismo y al ego personal que nos hace orgullosos, y por igual colmar los abismos del absurdo, de no-sentido, del vacío interior que muchos están viviendo, por la lejanía de Dios y que sólo su presencia puede llenar.
Con este maravilloso conjunto de lecturas para este segundo domingo de Adviento, podemos retomar el camino, símbolo de la belleza y el riesgo de la libertad humana, como Israel de regreso a su tierra, deberá libremente escoger el camino del Señor o darle sencillamente la espalda. Igual para nosotros, entramos en el Adviento de Cristo, recorrido e iluminado por Él pero preparado, trabajado y disfrutado por cada uno de nosotros, en la medida que nos metamos de lleno en esta fuerza espiritual que nos conduce a la auténtica libertad, la que sólo Cristo nos puede dar. ¡Ánimo! ¡Él nos acompaña!

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