Editorial

Editorial del Domingo 6 de Diciembre de 2015

p4editorialPeregrino de la paz
El reciente viaje a África del Papa Francisco es una muestra elocuente del celo que le consume por llevar a todas partes el mensaje de clamor de Cristo. Su visita a la República Centroafricana, fue desaconsejada por los servicios de inteligencia de Francia, pero Su Santidad, decidió realizarla para encender la luz de Cristo allí, en las tinieblas más densas.
En efecto, la República Centroafricana, su Capital: Bangui, es una ciudad destruida por largos períodos de guerra civil, pobreza e incomunicación. Y que se encuentra invadida por desplazados de todas las zonas geográficas del país, que sobrepasan por mucho, la capacidad de un campamento, sostenido con ayuda internacional.
En esta ciudad se registró una masacre, en el mes de diciembre de 2013 con un total de 3000 muertos, en la separación de los territorios cristiano y musulmán.Y es que su  territorio nacional, se encuentra repartido entre pequeños grupos armados, pero no ha subsistido un ejército que brinde protección a la ciudadanía. Y además se palpa una gran división entre barrios cristianos y musulmanes, cada uno con su respectiva milicia armada.
Para la seguridad del Papa, se contó con 900 elementos militares, provenientes de dos misiones: una de franceses y otra de cascos azules de la ONU, que son los que están evitando, en la actualidad, el desarrollo de enfrentamientos entre las distintas milicias armadas, las cuales se nutren de niños soldados. Afortunadamente, ni Al Qaeda ni Isis ni ningún grupo radical Yihadista, tienen presencia en el país.
Existe una presidenta de transición, y dentro de poco tiempo, se celebrarán elecciones. Pero en realidad será una tarea muy difícil, pues no existe un censo electoral. Es un país que posee enormes reservas de diamantes, oro, madera y uranio. Pero que tiene muy poca cobertura por parte de los medios de comunicación de los países desarrollados.
La visita del Papa, además de darle cobertura mediática a la nación, sirvió para que él pudiera enviar un mensaje de paz, precisamente en un ámbito donde dos grandes religiones se encuentran enfrascadas en una confrontación bélica.
El Papa Francisco tomó la decisión de realizar esta visita por afirmar su coherencia de vida, al tener como principal interés de su pontificado, la preocupación por los más pobres. Por ello no quiso eludir esta escala de su viaje, dado que se trata de una población que vive en condiciones infrahumanas y cuyo sufrimiento talvez sólo sea comparable con el de los habitantes que actualmente radican en la convulsionada Siria.
Su estadía sirvió para reunirse con las autoridades de transición y con líderes religiosos: católicos, musulmanes y evangélicos. Y a todos transmitió criterios evangélicos claros, para encontrar el camino de la paz, en tan incierta situación.
Su visita transmitió, sobre todo, en los más pobres y excluidos, en los que más sufren, la enorme riqueza de la esperanza cristiana. De esa manera, tocó sus pensamientos y sus deseos,  dejándolos purificados por el rechazo al odio y a la venganza. Y afirmándoles muy claramente la idea de que; “no hay futuro sin paz”.
Con la ayuda de Dios, el Papa, ha infundido una nueva visión de paz y esperanza, en quienes están agobiados por la violencia, la injusticia y la pobreza extrema. Los exhortó a la unidad la que definió así: “evitar la tentación de tener miedo de los demás; del que no nos es familiar; del que no pertenece a nuestro grupo étnico; a nuestras opciones políticas o a nuestra religión”
En Honduras, no se ha llegado a los extremos una guerra religiosa, pero se sufre por la falta de empleo, la violencia criminal de narcotráfico y pandillas, y las necesidades crecientes de los que más empobrecidos. Ello conduce a que  se palpen en el ambiente sentimientos de rencor profundo, que se traducen en irrespeto a la dignidad de las personas, injurias e incitación a la violencia.
Esa es una senda equivocada.Marchando por ella, jamás los hondureños encontrarán la paz y la esperanza, que vienen de un Dios misericordioso y que conducen  hacia actitudes de solidaridad, unidad y respeto entre todos los ciudadanos. Única forma de lograr consensos sobre políticas, estrategias y acciones,para la búsqueda del Bien Común.
El Señor Jesús lo indicó con claridad: “ámense los unos a los otros….como Yo los he amado”.

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