Buenas Nuevas

“Cuiden que sus corazones…”

p7tonyAl encuentro de  la palabra… según San Lucas para la Lectio Divina
“Cuiden que sus corazones…”
(Lc 21,28.34-36 – I Domingo de Adviento)
P. Tony Salinas Avery
asalinasavery@gmail.com
La esperanza mesiánica de los hombres se ha visto colmada por Dios en Jesús de Nazaret. En Él se han cumplido las promesas, como garantías de la fidelidad de Dios con toda la humanidad. Mientras se espera la manifestación definitiva del Reino de Dios, los creyentes deben permanecer vigilantes. Atentos a la Palabra de Dios, a los movimientos del Espíritu Santo, a los signos de los tiempos. Permanecemos en vela cada vez que intentamos colaborando con la gracia, a realizar el mundo como Dios quiere. De esto trata el tiempo que hoy inauguramos y que se llama el Adviento.     
El Adviento nació ante la falta de amor y justicia en la humanidad, y revivió la fe la esperanza de un Dios que imponga en la tierra el derecho y la justicia. Una de las oraciones mesiánicas del Salterio canta así al Mesías “vástago de justicia”: “A los miserables de su pueblo hará justicia, salvará a los hijos de los pobres, abatirá a los opresores. En sus días florecerá la justicia y abundará la paz” (Sal 72,4.7).
Por lo tanto, el Adviento es el tiempo de ahora y el de siempre, ya que es un camino, un sendero, ya que es búsqueda humana, con desvíos y avances. La imagen del camino por recorrer atraviesa todo el salmo responsorial de hoy, tomado de una súplica ferviente del Salmo 25. Basta reunir lo vocablos: “Tus caminos, tus senderos, guíame, camino justo, señalar, enseñar los caminos…” La Biblia repite con insistencia que no todos los caminos son iguales: está el camino del bien, de la vida y de la paz, y está el camino ancho y fácil pero con un final trágico, y está el camino áspero y estrecho que sube hacia el esplendor de Dios. De aquí que identifiquemos el Adviento con un camino que seguir, inspirados en el gran grito del Bautista “¡Preparen sus caminos!”.
Hoy acompañados por San Lucas, evangelista que será el que marque nuestro itinerario, nos señala hoy el llamado “discurso sobre las realidades últimas”, en el que impresionan sobre todo las imágenes tempestuosas y apocalípticas, típicas de esa época y que se usan para indicar simbólicamente la irrupción eficaz de Dios en la historia confusa y escalonada del hombre. Nosotros pensando en el Adviento como camino, nos interesa las imágenes de la noche y el día, parte de nuestros itinerarios diarios. La oscuridad supone sueño, la pesadez del cuerpo y del espíritu, el abandono inerte. En cambio, el alba, marca el paso a la acción, al estar despiertos y vigilantes, al “levantar la cabeza” al pensar, al esperar. Cristo quiere que el discípulo opte por la luz del día y que salga de la noche, del vicio, de la indiferencia, de los lazos de que nos ligan a las cosas puramente superfluas.
A todos ustedes mis muy queridos lectores y lectoras, les deseo desde ya un Adviento hecho en verdad, como un auténtico camino, acompañados por la insustituible presencia de la Palabra de Dios, que es la música y el ritmo de este maravilloso tiempo, al punto que no hay Adviento sin ella. Bendiciones para todos.

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