Punto de Vista Reflexión

Con un poco de vergüenza

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Reflexión
Con un poco de vergüenza
P. Juan Ángel López Padilla
Esta semana que va terminando estuvo marcada, muy gratamente, porque logré ponerme en contacto con mis compañeros de Colegio. Recién hemos cumplido 28 años de graduados y la ocasión fue propicia para que a través de uno de los medios electrónicos, de esas redes sociales que algunos tanto condenan, pero que para mí como es un medio, no un fin, me resultan muy útiles, pudimos renovar nuestras viejas amistades.
Admito que ya días no me reía tanto de cada ocurrencia de mis compañeros, de alguna fotografía del pasado y,  sobre todo,  de los recuerdos de una etapa de mi vida que no puedo menos que considerar dichosa.
El problema, antes que alguno de Uds., decida cambiar de página y leer el artículo del P. Tony que seguramente estará buenísimo sobre el inicio del Adviento, es que caí en cuenta que son muchos, de mis compañeros, que han debido salir de Honduras. Eso me golpeó duramente, lo admito. Sobre todo cuando empecé a leer sus argumentos para dejar la tierra que los vio nacer. “Mucha inseguridad”, “demasiada violencia”, “no hay oportunidades”, “emigré por mis hijos”, etc.Y luego leer los relatos contundentes de malas experiencias que vivieron o han compartido con otros. Sencillamente, aunque nada me es nuevo de eso, me puso delante de una aceptación, casi resignación, que me tiene con la cabeza dando vueltas.
Lo más grave, es que cuando iba a empezar a rebatir sus argumentos y a decirles que lucháramos por Honduras, por cambiarla, aparece la noticia de la masacre en Choloma. Una más. ¡Que duro!
Cuando me sentaba a escribir estas líneas, otra masacre en “El Infiernito”. Vaya nombre. Claro porque se puede entrar pero no se puede salir. Por algo el nombre. Sólo me recordé de Dante Aligheri y su Divina Comedia: “Dejen toda esperanza Uds., que entran aquí”
Y me quedé sin muchos argumentos.
Ya basta con todo esto, por favor. No es posible que Honduras entera se vuelva un “Infiernito”. Ya basta de estarle llamando “ajuste de cuentas”, “guerra entre pandillas”, “crimen organizado”, etc. Aunque pudiese ser cierto eso, la verdad es que es demasiado avasallador. En un par de semanas, hacemos los muertos que el Estado Islámico ha provocado.
Claro que hay elementos en la lucha contra la criminalidad que han mejorado, pero como sociedad nos estamos desangrando. Esto tiene que parar. Volviendo a mis compañeros. No les escribí nada en el “chat”, porque lo que hice fue sentarme un rato y orar. Orar para que tengamos un poquito de orgullo, de amor propio. Si nuestras autoridades no encuentran el camino, debemos buscarlo nosotros. No es sólo refugiándonos detrás de mil trancas, portones y cerrojos.
Comienza el Adviento, desde el punto de vista litúrgico, pero ojalá sea también y sobre todo un adviento social, un adviento en el que se enderece lo torcido y se abajen los orgullos. Un adviento en que nos atrevamos a dejar de lado tanta mezquindad. Un adviento en el que aprendamos a ver a Honduras con los ojos con que la ven cientos de extranjeros que se han quedado aquí y que aman este terruño como si fuera el suyo, porque se enamoraron de la gente. Lo mejor que tenemos somos nosotros mismos, nuestra fe. Que no se nos olvide.

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