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Violencia contra las mujeres: No más impunidad

En el marco del día internacional para la erradicación de la violencia contra las mujeres, el Centro de Derechos de Mujeres CDM informa que en el país cada 16 horas, una mujer es asesinada.
Eddy Romero
emromero@unicah.edu
Fotos Archivo
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Más del 90 por ciento de los casos de violencia contra las mujeres en los últimos seis años se encuentran en la impunidad, la cifra de feminicidios en el país sigue; este año más de 275 mujeres han perecido según lo publicado en la prensa nacional. Ante esta cruda realidad, vale la pena revisar que está sucediendo en el país.
Algunos tratan de culpabilizar a la víctima, por ser pobre, por andar en la calle, por vivir en un país violento, dijo Neesa  Medina, analista de seguridad y violencia del Centro de Derechos de Mujeres CDM.
La experta dice que “la desigualdad social que existe en estos momentos entre hombres y mujeres en este país,  la pobreza,  la corrupción, son las  principales causas para que exista un incremento en este tipo de casos”.
Según un informe presentado a las Naciones Unidas por parte de algunas organizaciones en pro de la mujer, “esta violencia es resultado de múltiplesfactores, entre ellos, altos niveles de inequidad económica, desigualdad, pobreza, corrupción, militarización, presencia cada vez mayor del crimen organizado y del narcotráfico, teniendo todoesto un fuerte impacto negativo en los derechos humanos de la población y particularmente en lavida de las mujeres”.
Según un estudio realizado por el CDM, “de las más de tres mil muertes que han habido estos últimos seis años en Honduras, sólo 300 tienen sentencia condenatoria, hay 2700 muertes violentas a las mujeres que continúan en la impunidad”, ante esto Medina afirma que “esto no es culpa de la víctima, es culpa de este sistema que perpetua la impunidad, no es posible que estemos hablando que baja la tasa de homicidios, pero que no estemos hablando que la tasa de impunidad sigue alta, es tener una visión integral de la violencia contra las mujeres”.

AGRESIONES
La agresión más frecuente es la violencia doméstica, son 20 mil denuncias anuales las que hay, seguido por la violencia sexual que son siete mil denuncias por año, aunque según Medina, en el caso de la violencia sexual, “esto es mucho menor a la realidad, en un país donde es muy difícil que se denuncie, más cuando no hay protocolos de atención que impiden re victimizar los procesos de toma de declaración, es muy difícil que denuncien y cuando lo hacen es después de una octava agresión por ejemplo”.
Una de las situaciones más comunes son las desapariciones, en los últimos años ha habido un incremento de 281 por ciento en los casos de mujeres, niñas y adolescentes queson reportadas como desaparecidas a nivel nacional.Sumado a lo anterior, y en algunos casos en relación con ello, en el país se descubrenconstantemente cementerios clandestinos con múltiples víctimas que posiblemente hayan sido denunciadas como desaparecidas, y en muchos otros casos ni siquiera llegan a ser reportadas a lasautoridades.
En el caso de violencia sexual, el derecho al acceso a la justicia de estas mujeres sobrevivientes es casi nulo,pues en el 94.5% de los casos quedan en la impunidad.
Otras manifestaciones de violencia contra las mujeres que es sub registrada por las institucionesson la Trata y el Tráfico de Personas. Aunque el Ministerio Público registra pocas denunciaspor este delito interpuestas por mujeres durante los últimos años, la connotación trasnacional de esta delincuencia organizada indica un mayor número de víctimas.
las niñas también se exponen a las peores formas de trabajo infantil, ya que muchas que sufren violencia, empiezan a trabajar a edades más tempranas; son menos remuneradas por lostrabajos que realizan; quedan recluidas en sectores caracterizados por largas jornadas de trabajo;trabajan de forma clandestina o no reglamentaria, lo que incrementa su vulnerabilidad asituaciones de explotación o abuso; desarrollan trabajos de grave peligro para su salud, seguridad y bienestar; y quedan excluidas de la educación o sufren la triple carga del trabajo doméstico, laescuela y el trabajo remunerado.
Según la experta del CDM, “el estado de Honduras utiliza un 10 por ciento de su presupuesto en seguridad, justicia y defensa, parte de este presupuesto viene de cooperación internacional a la que deben rendir cuenta, no está haciendo esto para reducir el índice de violencia, sino para continuar recibiendo fondos, el problema es que con una mejor estrategia, no militarista sino integral que incluya la prevención”

DIGNIDAD HUMANA
Desde la perspectiva cristiana, la violencia de género tiene su mejor antídotoen el reconocimiento de la igual dignidad de todas las personas, hombres ymujeres. Esta afirmación de la dignidad de cada persona está en la entrañamisma del mensaje de Cristo, como ha recordado Juan Pablo II en su carta apostólica “Mulieris Dignitatem” dice que el mensaje anunciado por Jesucristo, en uncontexto en que la mujer está marcada por la herencia del pecado humanoy con cuyas consecuencias se le obliga a cargar muchas veces, manifiesta inequívocamente un universo de normas y valores en el que el reconocimiento de la dignidad de la mujer es condición para reconstruir las relaciones de reciprocidad entre varón y mujer, queridas por Dios e inscritas en la naturaleza humana.
San Juan XXIII propuso en la Encíclica “Pacem inTerris” el fundamento de la convivencia en paz es la verdad, que implica reconocer la dignidad igual de todas laspersonas y pueblos; la justicia, que conlleva el reconocimiento de los derechos y deberes en clave de reciprocidad; el amor, como actitud quelleva a sentirnos solidarios unos de otros y es contraria al egoísmo explotador; y la libertad, como actitud de respeto y contraria a toda opresión. Estos cuatro pilares siguen siendo imprescindibles para las relaciones entre los pueblos, pero lo son igualmente para las relaciones interpersonales, enconcreto entre hombres y mujeres. Por eso, ante el persistente y desgraciadofenómeno de la violencia contra las mujeres.
“El  magisterio de la Iglesia es absolutamente explícito en su rechazo a cualquier forma de violencia y discriminación contra la mujer, como obviamente lo es en los demás casos de atentado contra la dignidad en general de la persona. El respeto a la vida, a su integridad física y moral, a su reputación, su libertad y bienes, enmarcados en el precepto divino de “amar al otro como a sí mismo”, tiene, desde este punto de vista, un alcance universal y permanente, con independencia de cualquier otra consideración”según el Catecismo de la Iglesia Católica.
Entre las propuestas pastorales del Documento de Aparecida se precisan dos especialmente importantes al respecto: a) acompañar y guiar a las asociaciones de mujeres que luchan por superar las situaciones de vulnerabilidad y de exclusión, y b) promover un diálogo constructivo y desideologizado con las autoridades públicas “para la elaboración de programas, leyes y políticas públicas” orientadas al pleno desarrollo de la mujer en la vida personal, social y familiar.

CÓDIGO PENAL
En febrero de 2013, se aprobó del Código Penal el artículo 118-A, que reconoce la figura del feminicidio y la penaliza de la siguiente forma:
Incurre en el delito de feminicidio el o los hombres que de muerte a una mujer por razones de su género, con odio y desprecio por su condición de ser mujer y se castigará con una pena de treinta o cuarenta años de reclusión, cuando concurran una o varias de las circunstancias siguientes:
1.- Cuando el sujeto activo del delito mantenga o haya mantenido con la víctima una relación de pareja, ya sea matrimonial, de hecho, unión libre o cualquier otra relación afín en la que medie, haya mediado o no cohabitación, incluyendo aquellas en las que se sostiene o se haya sostenido una relación sentimental.
2.- Cuando el delito esté precedido de actos de violencia doméstica o intrafamiliar, exista o no antecedente de denuncia.
3.- Cuando el delito esté precedido de una situación de violencia sexual, acoso, hostigamiento o persecución de cualquier naturaleza.
4.- Cuando el delito se comete con ensañamiento o cuando se hayan infligido lesiones infamantes, degradantes o mutilaciones previas o posteriores a la privación de la vida.

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