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La Mejora Continua

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La Mejora Continua
Los católicos no tenemos excusas para dejar de aplicar en nuestro diario vivir una mejora continua. Una mejora continua en la Liturgia de la Eucaristía y en los demás sacramentos, en la catequesis para niños y jóvenes, el presbítero en su homilía, el salmista en su canto, la rezadora en su novena.


Por: Asdrúbal Henríquez
¿Qué tal mis estimados hermanos y hermanas: Después de la petatiada que nos dio la selección de México y en nuestro propio “patio”, pareciera que tenemos que empezar de nuevo en materia de fútbol.
En nuestra sociedad hay muchas cosas que necesitan de una reingeniería y eso implica algún costo, sea este económico o moral para quien la promueva.
Usted se imagina amigo, usted amiga; el costo que ha significado para el Ministro de Educación, para la directora de la DEI o para la rectora de la UNAH la transformación de sus instituciones, desde las cosas pequeñitas hasta las cosas grandes. Y para las personas que ya tenían hábitos, costumbres buenas o malas y que eso significa una incomodidad y que por perseverancia a través de los años “debería” seguir así, la reingeniería les echa a perder sus objetivos, sus  metas y hasta sus lucros egocentristas.
Dicen por allí los técnicos especialistas de La Calidad Total, que una institución que aplica las normas de calidad, debe ir en  busca de la “mejora continua”.
¿Es necesaria la mejora continua? Por su puesto, mejorar cada día las conductas buenas, mejorar en mi cortesía, en mi amabilidad, en la caridad, en la responsabilidad, en el cariño, en la solidaridad, en la comprensión, en la comunicación, en la puntualidad  y en muchas otras cosas; eso nos abrirá muchas puertas que estaban cerradas para nosotros y se abrirán las de aquellas personas que no nos conocían y que aparecerían las ofertas como de forma “mágica”, pero que en realidad son frutos del Espíritu Santo.
Los católicos no tenemos excusas para dejar de aplicar en nuestro diario vivir una mejora continua. Una mejora continua en la Liturgia de La Eucaristía y en los demás sacramentos, en la catequesis para niños y jóvenes, el presbítero en su homilía, el salmista en su canto, la rezadora en su novena; ¿se imagina ponerle alma, vida y corazón a las cosa para que sean diferentes, para mejorar en nuestro apostolado en la Iglesia?
Y si hacemos las cosas diferentes en la casa, y es cuando usted y yo empezamos a ser ordenados, organizados, responsables, amorosos, comunicativos, tolerantes, empáticos, amables, serviciales; es cuando tendríamos una familia unida y feliz; una familia digna de ser llamada Iglesia Doméstica donde Cristo pueda habitar cada vez que se haga una oración y que las cosas se lleven a cabo o se pidan en nombre de él.
Y si el radio de acción de un “cristiano mejor”, se da en su trabajo, en su lugar de diversión, en sus empresas, en sus negocios, en sus estudios profesionales, en sus servicios de voluntariado etc. Entonces habrá una verdadera evangelización que será de palabras y de obras, de convicción, de testimonio y de auténtica fe.
¿Se imagina qué familia tendríamos,  o  cómo sería nuestro lugar de residencia, imagine una ciudad con ciudadanos nuevos o un país con patriotas nuevos, “creadores de una historia nueva”?  ¡Qué bien nos iría!  Soñar no cuesta nada.  Hasta pronto.

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