Diócesis San Pedro Sula

“Madres que dan ternura y maestras que enseñan a vivir”

Celebran 20 años del programa Madres Maestras, enfocado en brindar educación y construir jardines para niños en zonas de escasos recursos económicos.
Texto y fotos: Johanna Kattan
jokattan@suyapamedios.com
En la camiseta de un niño, una frase resalta: Mi madre es mi maestra. Aunque se suele identificar como primera educadora a la madre, en realidad existe un programa educativo donde las mujeres se convierten en  Madres Maestras.
En una misa celebrada en la Catedral San Pedro Apóstol, se dio gracias a Dios por los 20 años del programa Madres Maestras, que ha beneficiado a miles de niñas y niños de la Diócesis de San Pedro Sula. Se trata de mujeres que se capacitan para brindar educación a los niños en su primera etapa de vida, sirviéndoles sus clases en los Japaic, Jardines de Párvulos de la Iglesia Católica.
“En el salmo nos recuerdan las maravillas que ha hecho el Señor.  Una de estas maravillas son los Japaic, Jardines de párvulos de la Iglesia Católica, con las Madres Maestras, 20 años de este proyecto”, resaltó el Monseñor Ángel Garachana, C.M.F.
Unas 200  hondureñas forman parte del programa Madres Maestras; una vivencia de educación natural, que empodera significativamente a las mujeres acompañando las capacidades básicas de la niñez.
Un árbol es el símbolo que presentaron en las ofrendas al Señor, identifica a este grupo que inició con un deseo de servir a la niñez. La pequeña semilla ha crecido. Este grupo de féminas aportan una valiosa semilla en la sociedad hondureña. “A veces ocurre que las cosas propias, las nuestras, no las valoramos. Valoramos lo de afuera y no de adentro”, comentó Monseñor Garachana.
“Madres que dan ternura y maestras que enseñan a vivir.Ustedes están practicando y cumpliendo con el mandato de Jesús con obras de misericordia. Muchos hondureños luchan y se arriesgan por una visa americana… pero ustedes, Madres Maestras ya son ciudadanas del Reino de Dios”, agregó el obispo.
Sor Consuela Martínez, misionera claretiana,  ha trabajado con pasión por la educación de Honduras en la Diócesis de San Pedro Sula. Con su humildad, ternura y vocación, ha capacitado a centenares de hondureñas, convirtiéndolas en educadoras donde más se les necesita.
“Cuando yo llegué a Honduras, en 1995, me desbordó esta realidad de pobreza, de injusticia y de muerte. Lo más fuerte para mí fue contemplar las caritas de los niños y niñas en la calle. Desde la mañanita  deambulan por las calles pidiendo, vendiendo prensa, limpiando coches, etc”, expresa Sor Consuelo.
Los beneficiados en los Japaic son niños y niñas en edades de 4 a 7 años, “están expuestos a todo, de hecho se dan muchos abusos y en sus rostros reflejan una tristeza impropia de su edad”, dijo Sor Consuelo.
“A medida que fui conociendo la realidad de las zonas más marginadas donde trabajamos las Misioneras Claretianas, comprendí que la mujer era, en general todo en las casa de los pobres. Muchas hacen el papel de padre y madre, ellas trabajan en los servicios más bajos: lavar ropa ajena, hacer tortillas de maíz para vender, barrer calles, etc.”, relata.
Recuerda que le provocaba tristeza ver a muchas jovencitas que se iban  con un hombre que pocas veces es fiel y responsable. “Suele dejarlas  cargadas de hijos y de responsabilidades para ir con otra o bien se da al alcohol, la maltrata y minusvalora”.
“Toda esta realidad me hacía sufrir muchísimo. Fue en esa época de búsqueda  cuando supe que un grupo de mujeres –Madres Maestras- llegaban de Panamá llamadas por los Claretianos para dar a conocer este proyecto en unos talleres intensivos”.
Invitada  por los Claretianos, Teodoro y Porfirio Ruiz participó en un taller educativo. “Entonces sólo por curiosidad, por conocer. Al terminar se nos pidió a las Misioneras  Claretianas que nos hiciéramos cargo del proyecto, al ver que ninguna hermana podía, aunque yo ya tenía muchas responsabilidades, me ofrecí a acompañar al primer grupo de Madres Maestras en Honduras, compartiendo esta historia de amor, de voluntariado, de servicio a las comunidades más marginadas”.
“Los alumnos y alumnas de algunos Jardines ya son adultos; algunos están estudiando en la Universidad o trabajan con dignidad. Varias Madres Maestras de algunos JAPAIC, fueron alumnas de donde ahora prestan su servicio”, agrega.
Actualmente, como consecuencia de la desigualdad e injusticia, aumentan  los grupos violentos. Es en las zonas rurales y colonias con población de bajos recursos económicos, donde se crea un Japaic.

Construcción de 22 Japaic
Sus ojos brillan al hablar de los Japaic. Como asesor de la Pastoral Educativa de la Diócesis de San Pedro Sula, el padre Fernando Ibáñez, ha fortalecido a los Japaic.  Ha estado colaborando desde hace 15 años. “El programa siempre me ha gustado, me parece sumamente interesante porque son años claves para los niños y es importante el trabajo de las mujeres, que  son las que sostienen a Honduras”.
Sin duda hay mucho corazón  en este proyecto, así lo demuestra el padre Ibáñez.  “Me gustan las camisetas que llevan los niños, me gusta el mensaje: Mi madre es mi maestra. Es un recordatorio de la dignidad de cada mujer. Cada maestra es una semillita que se ha ido convirtiendo en un árbol fuerte y habrá que seguir trabajando”.
Los Japaic son una opción educativa que permite que la niñez en barrios marginales tenga acceso a recibir educación. “La hermana Consuelo Martínez, que es un encanto de mujer y que es una mujer anciana se desvive y está encima y ciertamente por eso se encuentra también desbordada pero gracias a su entusiasmo tenemos 22 jardines”.
Esta generación de niños que se forman con principios, pueden ser el futuro de un cambio en el país. “Son niños que no sólo van llenos de educación sino que también de los principios morales y espirituales”, agregó el padre Ibáñez.

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