Editorial

Trabajadores por la paz

p4editorialEl valor de la persona humana no se agota en el horizonte del mundo creado, ni de la sociedad y tampoco de la historia. Toda persona tiene un destino trascendente que consiste en llegar a la visión eterna del Dios vivo y verdadero. Por ello, hay que luchar en la vida en sociedad, por vivir en paz, lo cual se fundamenta en el respeto profundo de la dignidad humana,
Honduras,  para que sea una nación verdaderamente democrática, debe reconocer quesu frente de batalla prioritario, es la lucha contra la pobreza.Es imperativo sostener con gran firmeza el propósito de que todo ciudadano tenga la posibilidad de alcanzar una realización humana y cristiana integral. Y es un deber de humanidad, evitar que, ningún hondureño,pueda ser instrumentalizado por estructuras sociales, políticas o económicas.
La exclusión social y económica, es la causa principal de la violencia que se cierne, en todo el país,sobre la ciudadanía. Ya sea mediante la actividad de las pandillas, los efectos criminales del tráfico de drogas y las ingentes necesidades de la inmensa legión de hombres y mujeres que carecen de una oportunidad de trabajo. A lo cual se suma la intolerancia y la agresividad en que se cae, muchas veces, como medio  para zanjar diferencias políticas.
Con el alto índice de pobreza existente en la nación, es ineludible el involucramiento de todos los sectores de la nacionalidad, en la lucha contra la corrupción pública y privada, considerada por su alcance y  permanencia, como el mayor obstáculo para culminar con éxito los esfuerzos realizados hasta ahora, para disminuir el nivel de pobreza.
Los partidos políticos y las organizaciones de la sociedad civil, están llamados a cerrar filas, en torno a formular propuestas y sugerir decisiones, para que se puedan delinear las políticas públicas, que sean adecuadas para mejorar la condición de vida de la ciudadanía.
Pero tanto los grupos políticos, como las ONG´s están llamados a desarrollar actitudes y ejecutar acciones que contribuyan al establecimiento de un ambiente de paz en la nación.
La paz se va forjando día a día, construyendo un orden social y económico,  que sea justo y equitativo. Aunque su cimiento más fuerte es la vivencia de la paz como un valor en el interior de cada ciudadano.
Recientemente, el cardenal Rodríguez preguntaba, en relación al clima de crispación que existe actualmente en Honduras: “¿Porque el ser humano no entiende que estamos llamados a vivir como hermanos, a respetarnos los unos a los otros, y no vivir en la violencia, ni en las muertes?”. Una interrogante que necesita respuesta, por parte de una ciudadanía, que sea solidaria, con los más débiles de esta sociedad
Por eso, las distintasorganizaciones políticas, no pueden seguir postergando conflictos, simplemente por diferencias de opinión, irrespetando la libertad del otro con intolerancia. Es preciso tener en mente que existen miles de familias en situaciones calamitosas, que esperan una respuesta concreta, adecuada y pronta de quienes ostentan liderazgos, a nivel nacional y regional.
La participación política cuando es seria, se convierte en una  actividad destinada a la satisfacción de  las necesidades populares. La participación política cuando está cimentada en valores y principios éticos desemboca en el vínculo de un servicio desinteresado por los demás.
En cuanto a la obligación de servir a los demás, la Madre Teresa de Calcuta lo definía así:
“servir: es amar hasta que duela”, lo cual al mismo tiempo, es la medida de la calidad del servicio que se merece la ciudadanía, por parte de quienes están en el poder y de quienes tienen pretensiones de constituirse en gobernantes.
De manera que se puede afirmar rotundamente que el poder sólo tiene sentido cuando
se pone al servicio del Bien Común. En la búsqueda de un ambiente de paz y justicia, que permita la existencia de una sociedad auténticamente humana.
Ante la falta de avance en la lucha contra la pobreza, y para el aseguramiento de un ambiente de paz, ha llegado el momento, en que todos los liderazgos sociales, políticos y económicos deben entender, que únicamente mediante el diálogo y el consenso, se pueden lograr las soluciones más adecuadas, para atender el sufrimiento de los pobres y excluidos.
Honduras es un país empobrecido que no soportaría un ambiente de conflicto permanente.
Tengamos en mente las palabras del Señor Jesús: “Dichosos los que trabajan por la paz….Serán llamados hijos de Dios”

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