Punto de Vista Reflexión

La medida del Odio

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La medida del Odio
P. Juan Ángel López Padilla
No hay palabras para describir lo que como humanidad hemos vivido en los últimos días, aunque ya van años: ese odio fanático y avasallador, que quiere acabar con todo.
A lo largo de los siglos,siempre ha habido fanáticos, siempre ha habido criminales y siempre ha habido quién quiere justificar sus acciones por la vía de la religión o de lo que sea. Pero, y este es un inmenso pero, estamos retrocediendo a pasos agigantados.
Da la impresión que la humanidad se está sumiendo en un vacío y en una oscuridad tal que no da cabida para la sensatez o la racionalidad.
Viendo los videos de los bombardeos en Siria y en Irak, las bombas estalladas en Nigeria o en el avión ruso de la semana antepasada, los niños asesinados a sangre fría por esos del mal llamado Califato Islámico o DAESCH o ISIS o como se quieran llamar; las muertes de París y toda la infinidad de barbaries que contemplamos; pareciera que no hemos progresado nada como humanidad.
Pero, disculpen que use tanto el bendito pero, lo que a mí me está asustando de manera pasmosa, es la indiferencia de la gente. Claro que tenemos muchísimos muertos en Honduras, claro que ha habido en nuestros ambientes “terrorismo de Estado” cuando la corrupción ha llegado a niveles tales que le pone “los pelos de punta” hasta al mes fortachón, pero, no podemos quedarnos indiferentes ante lo que está pasando en Europa, África y Asia.
Creo que la indiferencia es el acto más criminal de una persona que se precia de llamarse ser humano. El sufrimiento, venga de donde venga, no se justifica nunca. Se puede entender, se puede sublimar (palabra que a ratos me choca). El dolor educa, conmueve, transforma. Pero no se justifica y mucho menos, cuando se invoca a Dios para infligir dolor.
Claro que el concepto de Dios que tienen los criminales del Califato, no es ni siquiera una caricatura de Dios, es una presentación ridícula de lo que hasta sus libros sagrados señalan sobre él. Pero ninguno de estos fanáticos ha surgido por generación espontánea y el hecho de que sean muchos, indica que no es algo aislado.
Hay un ambiente que los está propiciando y que nosotros, con nuestra mentalidad “occidental”, patinamos, a la hora de comprender. El caldo de cultivo de estos “fanáticos” es el odio. Odio que ha nacido del desprecio y la marginación en la que han vivido. Odio que nace, no por su origen étnico, sino por lo que le es común ha todo el que se fanatiza: la necesidad de sentido, sin respuesta real. Sentido que se pierde cuando la religión se vuelve droga que adormece e impide pensar. Sentido que no existe cuando la posibilidad de crecer está limitada por la pobreza, por la carencia de educación. Pueden caer bombas sobre ellos, pero si no caen libros y educación, trabajo y dignidad; la situación no cambiará.
Sé que es muy complejo lo que estamos viviendo y de alguna forma somos responsables cuando en nuestros propios lugares no cambiamos nuestra actitud frente a los que nos rodean. Debemos convertirnos al otro. Eso es común a toda religión y a la misma Ley Natural.Recuerdo una frase del Corán que estudié hace años: “Pidan perdón a su Señor y vuélvanse a Él, pues es cierto que mi Señor es Compasivo, Amable.”Corán 11:90

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