Caminar Punto de Vista

Ayúdanos Rey del Universo

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Ayúdanos Rey del Universo
Jóse Nelsón Durón V.
El mundo requiere para su desarrollo de estabilidad, orden y serenidad; la sociedad solamente se solidifica, crece, une, solidariza, ama, comparte y es justa, como el ser humano, cuando vive en paz. Todo lo demás le perturba, le daña, le disminuye, no lo deja crecer.
La violencia de los actos injustos de los humanos contra sus hermanos, destruye, mata, hiere, crea miedo, terror, angustia, hambre, desesperanza y soledad. Incluso la misma naturaleza, cuando quiere recuperar equilibrio o impulsar crecimientos o cambios, cuando se responde a sí misma o quiere crecer en su ceguera instintiva, ocasiona desastres, interrumpe todos los ciclos vitales; contamina, causa desolación, desesperación, terror… y la vida es cortada o dañada.
He aquí los dos extremos: el desorden o el orden. La violencia o la afabilidad. La guerra o la paz. El odio o el amor. El pecado o la gracia. El infierno o el cielo. Cierto. Pareciera que nuestras opciones son limitadas cuando no caminamos en la paz de Dios; porque el Reino de Dios es orden, espera, serenidad, obediencia, solidaridad, respeto, justicia, comprensión, paz y amor.
Todo en la gloriosa libertad de los hijos de Dios, como nos dice San Pablo. Medítalo, hermano o hermana, y verás que es así.
El Señor Jesús nos dice: “Digan sí cuando es sí, y no cuando es no”; así que no podemos ignorar, o fingir que lo hacemos, las consecuencias tremendas y funestas que tiene para el mundo la actitud y los violentos hechos perpetrados por grupos islamistas fundamentalistas en el mundo.
Es duro, pero también necesario, afrontar la realidad: el mundo se enfrenta a la peor enfermedad, que ha ido calando los corazones y las inteligencias de miles de millones de personas que viven en la injusticia; en medio de insospechadas desigualdades, brutalidades, carencias, indignidad, iniquidad por las  limitaciones impuestas debido a imposiciones, supuestamente morales, por conclusiones religiosas que son débilmente suportadas y toda clase de mezquindad impuesta a las masas débiles por grupos privilegiados que exhiben desvergonzadamente lujos, fausto y derroche. Una enfermedad que causa resentimiento y frustración; que cala e inmoviliza, como artritis emocional, espiritual y moral que brota repentinamente con violencia inaudita, del mismo grado del padecimiento.
Esto es lo que está pasando, en el mundo y en nuestro país. Las gentes imploran reales cambios que penetren las raíces del mal que les atenaza, les somete, degrada, humilla y daña. Hoy lo escribo por disposición de Dios para ti, político sinvergüenza y deshonesto que solo piensas en ti; juez inicuo que te vendes por unos pocos dólares; gobernante tramposo, taimado, tunante, que te sentaste en una silla grande para ti y ahora te escudas a la distancia o te parapetas detrás del monitor para continuar incubando males; no te confíes, no; la historia podrá inducir al olvido temporal, pero por la eternidad rumiarás tus desconsuelos si no cambias y acudes a la misericordia divina pidiendo perdón por tus excesos.
Nuestro año litúrgico termina, y comienza el tiempo de la dulce espera, tiempo de revivir el Misterio de la inefable Encarnación de Dios que es Amor, tiempo de meditación, de recoger armas y desechar insensateces, de adorar al Rey de reyes y Señor de la creación entera que viene, que se inclina hasta rozar el suelo, donde caminamos nosotros intentando soslayar las piedras de la tentación, mientras nos abrazamos todos para darnos fuerzas, para recoger coraje y empuñar nuestras únicas armas para restablecer el orden en este mundo distraído: la oración, los sacramentos y la fe.
Cuando el orden se pierde, es necesario restablecerlo; para que el mundo siga yque la sociedad y la humanidad en general recuperen el orden querido por Dios en Su Reino y sea éste posibilitado en la historia salvífica de todos los seres. San Agustín, Doctor de la Gracia, afirma: “Si el hombre se hubiera sometido a la ley de Dios, jamás habría existido la guerra. El mundo vive de armonía y equilibrio. Si el equilibrio se rompe, hay que restablecerlo”. Pero también dice, queriendo establecer el verdadero sentido de la vida en común: “Cuando la necesidad obliga a la guerra, se debe conservar el deseo de la paz, a fin de que Dios nos libre de la guerra”. Más claro no puede hablar la Iglesia, voz de Dios en el mundo, a través de sus santos Doctores y Santos. Vamos, mundo, despierta, que el Señor es la paz, el camino y la vida. ¡Oh, Rey del Universo, que vives y reinas por todos los siglos, ayúdanos! Amén.

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