Homilia

Homilía del Domingo 15 de Noviembre de 2015

p3homiliaHomilía del Señor Arzobispo para el XXXIII Domingo del Tiempo Ordinario

Después de una gran tribulación, el sol se hará tiniebla, la luna no dará su resplandor, las estrellas caerán del cielo...” (Mc. 13, 24-32).

Con estas palabras simbólicas Jesús anuncia el proceso de liberación de la historia humana y de nuestra propia historia. Después de una gran tribulación”, es decir, después de un tiempo como el nuestro, en el que parecemos destruirnos unos a los otros. “El sol se hará tiniebla, la luna no dará su resplandor y las estrellas caerán del cielo”. Son imágenes literarias de aquella época que expresan la caída de los imperios opresores y el comienzo de la liberación que se hace presente en la presencia del Señor.

El sol, la luna” representan a los falsos dioses, el oscurecimiento de los astros mayores, indican que los falsos valores que representan estos “dioses” son inaceptables…

Las estrellas caerán del cielo”. Simbolizan también las fuerzas del mal y de la muerte, es decir, de los poderes opresores que encarnan los sistemas ideológicos y económicos, que esclavizan a los seres humanos y causan tantas injusticias y sufrimientos… Todos caerán. Caerá este mundo viejo, dominado por la violencia y la injusticia, marcado por la desigualdad y la pobreza. Caerá este mundo falso, que vive de fachada, instalado en la mentira y carente de sentido.

Las sucesivas crisis sociales, económicas y ecológicas y el permanente deterioro, se han encargado de revelar toda la falsedad que se encubría detrás de esas “estrellas del cielo”. Caerá nuestra «cultura de pecado y muerte», los grandes capitales reunidos para matar, los grandes estados enfrentados para poseer el mundo… Caerá toda la soberbia humana y quedaremos a ras de tierra…

Las estrellas caerán del cielo”. Estas imágenes pueden interpretarse también en sentido personal, hay hombres y mujeres para los que el sol se oscurece y para los que desaparecen las estrellas del horizonte de su vida. En las frustraciones de la vida, muchos sienten que no hay en su corazón ningún sol que ilumine su oscuridad; para muchos, hoy todo se ha derrumbado, allí donde habían puesto su esperanza se ha venido abajo, lo que una vez les causó alegría, hoy resulta motivo de tristeza. Y es ahí, en esa situación, es donde puede brillar la esperanza, llega el Hijo del Hombre iluminando nuestra oscuridad con su luz y disipando nuestros miedos.

“Entonces verán venir al Hijo del Hombre sobre las nubes con gran poder y majestad”.   Aquí se anuncia el gran triunfo del Hijo del Hombre, el triunfo del hombre que es Jesús el Resucitado, es decir, la nueva humanidad. Su gran fuerza de vida se opone a la fuerza de la muerte que se tambalea; su gloria se opone a la de los opresores que declinan. Esta venida del Hijo del Hombre es un mensaje de esperanza.

No se trata del final del mundo natural, sino más bien, del final de un mundo injusto. No es el temor, sino la esperanza lo que hace brotar en nosotros el Evangelio de hoy: a pesar de la situación actual de este mundo globalizado que excluye a los más pobres, a pesar de tantos sufrimientos sociales y personales que oscurecen el sentido de la vida humana, el Evangelio de este domingo nos recuerda que es posible la esperanza: “Verán venir al Hijo del Hombre”. Jesús siempre es Buena Noticia para todos.

El Evangelio de hoy es una llamada a recuperar la esperanza y la ilusión que llena de sentido y gozo nuestra vida.

Aprender lo que les enseña la higuera”. Con esta parábola se hace referencia a la primavera que es el tiempo de la abundancia en que todo reverdece y que anuncia los frutos del verano. Es como si nos dijera los frutos de la vida están cerca, como los de la higuera.

Sepan que ya está cerca, está a la puerta”. Jesús quiere hacer comprender a sus discípulos y a todos nosotros que en las situaciones difíciles que atravesamos, El está siempre cerca. Por su Resurrección Cristo está presente en el tiempo y en la historia. Su presencia ha irrumpido entre nosotros para siempre: “sepan, que ya está cerca, está a la puerta”.

Los cristianos a partir de las palabras del Señor nos atrevemos a ver el presente con esperanza. Podemos preguntarnos: ¿Cuál es el final que espera a la historia dolorosa pero apasionante de la Humanidad? ¿Qué sentido tiene nuestra vida? Nosotros no creemos que nuestra vida viene de la nada y termina en la nada. Nosotros creemos que el final de todo no es la nada sino el amor y la vida. Nuestro secreto está en el Señor Resucitado que ha vencido la muerte y está siempre cerca de cada uno de nosotros y que nos acompaña todos los días de nuestra vida. El mensaje del Evangelio de este domingo está cargado de esperanza.

El día y la hora nadie lo sabe, ni los ángeles del cielo ni el Hijo, sólo el Padre”. Estas palabras finales son una invitación a vivir en la confianza: pase lo que pase, estamos en manos del Padre, que es Amor. Podemos decirle: En tus manos, Señor, hemos puesto nuestras esperanzas, aunque las estrellas caigan, tu Presencia permanece y alumbra nuestros pasos cada día.

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