Buenas Nuevas

“Aprended lo que os enseña la higuera…”

p7tonysalinas1Al Encuentro de la Palabra

“Aprended lo que os enseña la higuera…”

(Mc 13,24-32 – XXXIII Domingo del Tiempo Ordinario)

P. Tony Salinas Avery
asalinasavery@gmail.com

El discurso del capítulo 4 de san Marcos se le llama “discurso escatológico”, porque trata sobre las realidades últimas de esta historia humana. No es fácil llegar a su comprensión plena. Nosotros hoy nos detendremos en la expresión de Jesús sobre la “venida del Hijo del hombre” que es la finalidad del mundo, es decir, la meta hacia la cual se dirige la historia para llegar a su plenitud. Esta venida definitiva es espada de doble filo. Su presencia se convierte en exigencia de cuentas y disecciona a los que “despierta del polvo: unos para vida eterna, otros para la muerte perpetua”. Cada cual queda juzgado según sus propias obras. La espera de esa venida infunde tensión y a la vez esperanza en la conciencia del cristiano.

El origen de la expresión dicha por Jesús, viene del famoso libro apocalíptico del Antiguo Testamento, el de Daniel, en el que se introducía la aparición gloriosa del “Hijo del hombre que venía sobre las nubes del cielo a recibir poder, gloria y reino y a ser servido por todas las naciones, pueblos y lenguas” (7,13-14). El cristianismo ha visto el ingreso de nuestro único Mesías en la historia. Cristo realmente como afirmamos en la plegaría eucarística: Él volverá.

La imagen de la higuera nos ayuda a pensar en las actitudes con las cuales el cristiano debe vivir constantemente. Es decir, atento a los signos de los tiempos, viviendo con intensidad pero a la vez con serenidad la espera de su Señor, guiado por la Palabra de Cristo que no pasa, en espera de esa palabra decisiva y definitiva que será pronunciada por Dios en el momento oportuno y conocido sólo por él.

Vemos entonces, que nosotros los fieles no esperamos el fin del mundo, sino la venida del Señor, no es espera catastrófica del mundo creado, sino la recreación de todo el ser en una suprema armonía, no teme al abismo de la nada sino al florecer de la plenitud y de lo más hermoso, la eternidad.

La lección fundamental que debemos sacar es la del estar siempre atentos, despiertos, sin dejarnos distraer por las cosas ni permanecer sumergidos en la trivialidad. Este es el mejor marco, para el cierre del año litúrgico, que será el próximo domingo: Cristo es el Rey de la historia, nada comparado a ningún rey que haya tenido la humanidad, a Él está sometida toda la vida y la historia desde siempre, por eso les invito desde ya a vivir proclamando con la fe viva del corazón que Cristo es nuestro Rey y no hay otro.

A %d blogueros les gusta esto: