Caminar Punto de Vista

Todo lo que tenemos

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Todo lo que tenemos
Jóse Nelsón Durón V.
Venía de la santísima Misa, conduciendo, en compañía de mi señora esposa, mi suegra y mi cuñada. Repentinamente, un vehículo se arrojó sobre el mío, dañándolo bastante. Gracias a Dios, ningún daño personal. Pronto comenzó la negociación por la otra parte, porque la responsabilidad era clara. Llegó un agente de tránsito que, de una ojeada percibió las circunstancias y pronto recomendó una cotización y el pago en efectivo. Quedamos en vernos a determinada hora y allí comenzó el diablo a molestar: resulta que Adolfo Mendoza, el papá del conductor, vive en la colonia Canaán y tardó un poco de tiempo en cumplir. Ya se imaginan los pensamientos. ¡Como si el lugar de residencia determina la calidad humana! Pero Adolfo, que había afirmado en la negociaciónque él es cristiano, tardó una hora y media, pero cumplió, lanzando al lugar de los tormentos aquellas dudas pecaminosas que se atrevieron a perturbar nuestra paz. Su hijo, al entregar lo convenido hasta pidió disculpas, como si los accidentes fuesen voluntarios. La humildad siempre da lecciones, reconviene y enseña; y hace doler, especialmente cuando obliga a reconocer injusticias.
Y es que es necesario hacer brillar ese “voy a la Iglesia”, “soy cristiano” y otras frases similares, con nuestra disposición a confiar en la bondad y magnificencia de la voluntad divina; es imperativo que nuestras actitudes ante la vida sean congruentes con la fe declarada, que amerita demostración; es justo y necesario afrontar con valor el atrevimiento de lanzar a la Iglesia por delante, muchas veces sin pensar en las consecuencias de enviar al Cuerpo de Cristo, la Iglesia, en misiones fallidas que pueden resultar suicidas para las almas que escuchan y comparan. Es necesario hacer crecer por nuestras acciones y palabras ese Cuerpo de Cristo que, en palabras de Daniel Prieto, futuro Sacerdote en la Universidad Gregoriana de Roma: “Cristo nos sigue llamando, fundamentalmente para que seamos extensión viva de su persona en el mundo. El verbo se hizo carne y habitó entre nosotros… La Iglesia crece, el mundo cambia cuando Cristo se expande. Es una dinámica de sobreabundancia de su Amor. Lo demás son ilusiones.”También, como afirma Bossuet:«Jesucristo nos lleva en sí mismo; somos, me atrevería a decir, más cuerpo suyo que su propio cuerpo… Lo que se realiza en su divino cuerpo es la figura real de lo que debe cumplirse en nosotros»(Catolicismo, Aspectos sociales del dogma)
La Junta Nominadora de candidatos a Magistrados de la Corte Suprema de Justicia está bajo la lupa, no del ciudadano común, sino de sectores interesados en cosas: poder, notoriedad, fama, dinero, sustento y otras. Pero estar bajo la lupa significa presión y resistencia, crítica, juicio, descrédito gratis, hasta de los mismos que los propusieron(a tal grado ha llegado la desconfianza, que no es más que falta de fe). O quizás es ambición o astucia ambiciosa, que se juega casi siempre el partido en la media cancha, unos destruyendo el juego contrario y otros tratando de construir el propio para lograr el gol (con todo el respeto que merecen “calistrín” Suazo, “el lobo “Guevara, “primitivo” Maradiaga y tantos otros).Hoy quiero ser paciente, comprensivo, humilde, suave y bueno, nos invita a rezar el padre Ignacio Larrañaga, (QDDG), poniendo justo en el centro la virtud de la humildad, sin dejar de rodearla de las otras joyas morales que adornan el alma del Señor Jesús, modelo, patrón y paradigma del ciudadano del Reino. Ciudadano llamado a caminar en un mundo necesitado, porque ha sido abandonado a su suerte entre ladridos y aullidos de lobos, entremezclados con los gorjeos y trinos claros de esa Iglesia siempre joven, al impulso de almas que depositan en la alcancía del templo su tesoro más grande: todo lo que tienen para vivir, como lo hicieron las viudas de Sarepta y la que contempla el Señor Jesús en el templo.
El asunto ronda en la decisión de lo que tenemos para vivir: miedo, desconfianza, ambición, astucia peligrosa, injusticia, indiferencia al dolor ajeno, violencia, desesperanza, sensualidad desmedida y otros sentimientos pecaminosos. Si es necesario que nos apliquen la ordalía para que cumplamos la palabra empeñada o si, por el contrario, baña graciosa y benignamente nuestra alma la fe, la esperanza y la caridad hacia el prójimo, virtudes insufladas por Dios en los corazones fértiles. En la ordalía quemaban las manos o aplicaban otro tipo de torturas para determinar la culpabilidad o inocencia de alguien, de donde deriva el “meto las manos al fuego por…” Vivamos de tal manera nuestra fe que todos los que nos ven y escuchan puedan tener ese tipo de confianza en nosotros, así estaremos haciendo crecer el Cuerpo de Cristo, la Iglesia, cuya cabeza es el Señor Jesús.

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