Buenas Nuevas

“Esa pobre viuda…”

p7al-EncuentroAl encuentro de  la palabra… según San Marcos para la Lectio Divina
“Esa pobre viuda…”
(Mc 12,38-44 – XXXII Domingo del Tiempo Ordinario)
P. Tony Salinas Avery
asalinasavery@gmail.com
Con el episodio de las dos viudas protagonistas en el leccionario de este domingo, la de la primera lectura y la del Evangelio, comprendemos ya, desde el principio que Dios no es un Dios de cantidades, sino de calidades. Ubiquémonos en la escena que se desarrolla en el Evangelio, estamos en Jerusalén específicamente en el Templo, allí se encontraba el llamado “patio de las mujeres”, y también allí estaban ubicadas trece cajas con apertura en forma de trompa para recoger las monedas ofertas voluntarias e impuestas para la administración del Templo. Este lugar al exterior se llamaba la habitación del tesoro. La arqueología ha sacado a la luz algunos de estos contenedores para las ofrendas de los fieles. Entrar en esta sala, era una buena ocasión para una “santa” competencia de generosidad, naturalmente admirada y aplaudida por el público presente. Se puede imaginar la indiferencia, el apresuramiento y hasta la ironía con que se recibía la oferta de los pobres. En el caso que nos ocupa hoy, entra en escena una pobre viuda.
Ella no tiene sino dos leptá, en griego “moneditas”, cuyo valor Marcos lo compara, para uso de sus lectores romanos, con el “cuadrante”. Se trata de una cifra irrisoria que manifiesta la extrema y amarga pobreza de la mujer.
Jesús descubre la falsa religiosidad y ha descubierto qué se anida en esos corazones  y qué cosa realmente Dios puede ver. La unidad de medida de Dios es muy distinta de la de los hombres. Desde el punto de vista económico, dos leptá son una nulidad irrisoria respecto de las abundantes contribuciones de los ricos; desde el punto de vista religioso esas moneditas dadas con el corazón y con total privación, son singo de amor y se convierten a los ojos de Dios en algo más precioso que todos los tesoros. Realidad que el propio Jesús la hace resaltar en la frase: “Ella ha dado todo lo que tenía para vivir”. Algunos comentaristas han hecho notar que, al dar ambas moneditas, la viuda a los ojos del evangelista se convierte en emblema de total generosidad porque hubiera podido conservar por lo menos una de las dos monedas.
La viuda en las dos narraciones bíblicas de hoy es, pues, una figura emblemática, es el signo de verdadero creyente que confía totalmente en Dios. Es el signo de la Iglesia pobre, como dirían los padres de la Iglesia. Ante la religiosidad retórica de los escribas, se opone la espiritualidad humilde y sencilla de los pobres, ante la presentación casi “económica” de una religión que produce éxito, estima, prestigio, se opone la fe generosa y total que consagra toda la vida.

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