Caminar Punto de Vista

Hacia una patria justa

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Hacia una patria justa
Jóse Nelsón Durón V.
Los historiadores no solamente cuentan la historia, sino que la recrean, dándose un regreso por el pasado humano para esclarecerlo en lo posible; realizan su tarea en tres etapas: la heurística, es decir, la etapa de desvelamiento, de investigación de los hechos; en segundo lugar, deben recorrer la difícil y fatigosalabor de la crítica, del análisis de los acontecimientos sin despegarse de la realidad; para terminar con una tercera, la del ordenamiento de la historia y de su exposición, bajo la luzde la verdad. Porque la historia, para el desenvolvimiento y progreso natural de la humanidad, debe ser absolutamente inviolable.
El historiador expone sin mediar, sin interferir y despojado de sus particulares intereses y preferencias, porque, en caso contrario, el pasado y la experiencia vitalde la sociedad pasarían a ser una leyenda o una mentira. Similares cuidados deben ejercer los periodistas, que han hecho de su profesión el deber de informar los sucesos actuales; descubrir, investigar, contrastar y valorar sus fuentes, sintetizar y publicar, por los medios disponibles, la noticia objetivada en un momento histórico-social fijo.
Los que osamos publicar nuestra opinión sin esa objetividad, ecuanimidad y equilibrio, corremos el riesgo de caer en idolatrías que se nos deshacen como pesadillas o sueños, o se nos escurren como agua entre los dedos. Se aprende con el error, bajo el peso del descuido.
La opinión, fundamentadaen el entorno social presente, tampoco debe ser fruto del alumbramiento inconsistente de impresiones influenciadas, sino de la observación madura, recta y veraz.
Corriendo el riesgo, opinaremos sobre la Honduras actual, abusando un poco y comparándola con la patria de recientes años, en cuyo seno era un peligro y una valiente osadía juzgar las autoridades, denunciar delitos, esperar castigos de ciertos poderes locales o personajes de la realidad nacional pudiente, esperar participación ciudadana en temas tales como la selección de magistrados, observar alguna lucha contra el narcotráfico, recuperar barrios de manos de pandillas, apresar policías y soldados que delinquen, procesar diputados y un largo etcétera. Hemos caminado, no hay duda; aunque para unos parezca mucho y para otros muy poco, presionando desde la oposición,que debería ser constructiva. La terrible lucha que debe ser librada por todos es hacia el interés común, hacia aquella aspiración de una sociedad justa para todos; orgullosa de su libertad y del imperio de la ley; acoplada y ajustada al ideal de una nación dedicada a la convivencia pacífica y al bien común.
Una patria en que esto no sea palabrería política desalmada; ni estrado de la mentira del poderoso, en ansiosa búsqueda de fortunas mal habidas, a costa de la impotencia de muchos y con la connivencia de otros de igual o peor calaña. Esta es la patria que todos debemos construir sobre bases que ya comienzan a surgir.
El peligro siempre existe, porque hemos observado la colusión de fuerzas económicas poderosas con teorías populistas; así como fuerzas novedosas inexpertas, orilladas y sorprendidas por aquellos con ofertas de alianzas, con el único propósito de alcanzar el poder. Solamente así puede explicarse la aparición de binomios supuestamente incongruentes políticamente. Las ambicionesy la elevación de egospersonales son éticamente incorrectos si nadan contra la corriente de la voluntad patriótica,  que aspira a una nación democrática orientada al desarrollo, en justicia y libertad social, donde las escandalosas diferencias económicas, sociales y de oportunidades disminuyan a niveles que sean  moralmente aceptables.
Muchos ojos han sido abiertos a diámetros insospechados en los días recientes por cifras de dinero inimaginables para la mayoría y el común de los ciudadanos, que, a duras penas y con esfuerzos y hasta indignidades, tienen que luchar duramente por el pan de cada día. Para lograr un verdadero cambio en la aplicación de la justicia, en la lucha contra la corrupción y en el adecentamiento de los negocios gubernamentales y privados, así como en la escogencia de nuestras autoridades con el propósito del bienestar general, la construcción de una cultura de respeto a la ley, a la dignidad de las personas, a la vida, a la moral y a la educación, es conveniente consensuar en nuestra sociedad estas metas como propósitos generales y orientarla hacia ese centro común, destruyendo la exagerada dispersión causada por intereses de personas y de grupos.
Todas las Bienaventuranzas están dirigidas a los más necesitados, a los descartados, a los que sufren, lloran o desesperan, es cierto, pero también para los misericordiosos, los de corazón limpio y a los que luchan por la paz. Allí está la clave.

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