Punto de Vista Reflexión

El mundo necesita santos

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El mundo necesita santos
P. Juan Ángel López Padilla
Estos días pasados, he tenido la gracia muy particular de hacer parte del recorrido del Camino de Santiago. La salud no me ha permitido, lógicamente por prudencia, hacer el camino como tal, pero he tenido la posibilidad de sumergirme en la espiritualidad del peregrino, del que camina hacia algo; mejor aún, del que camina hacia Alguien.
En mi vida he participado, dirigido o acompañado varias peregrinaciones, varias procesiones; pero esta en particular me ha hecho pensar tanto. Me ha sometido al riguroso análisis de los propios pasos que se dan, de las rutas que tomamos, de las metas que nos trazamos.
Platicaba con una señora alemana de 76 años que está haciendo el Camino y me decía que ya llevaba más de 10 días caminando. Viejita desocupada, dirán algunos. Otros dirán que es sencillamente demasiado para ella, que se quede en su casa y descanse. Pero, para ella, es un acto de gratitud. Me comentaba que en su diócesis, Trieste, decidieron hacer cada año una peregrinación a los lugares de los santos patronos de las parroquias que se han asociado para esto. Este año tocaba Santiago y aunque ella no ha participado de las anteriores, se decidió a aventurarse, a su edad, a este recorrido.
Todo le vino por el hecho que un famoso comediante alemán, no me pregunten el nombre porque a puras cachas le entendí a la señora lo que me decía, hizo el Camino hace unos años y escribió un libro sobre su experiencia. Lamentablemente, usó su popularidad para promover el Camino como un ejercicio físico, no espiritual. Ella, como buena católica, quiso venir a darle gracias a Dios porque en 76 años no dudó jamás de su fe, la compartió con quién pudo y aunque perdió hijos y algún nieto en su vida, Dios nunca la desamparó.
Bromeando me dijo que en todo caso no pensaba morirse después de terminar el ejercicio espiritual que estaba haciendo. Lo mejor de todo, a mi humilde juicio, fue la decisión que tomaron los de su grupo. Ahí hay gente joven, todos menores que ella, 42 en total. Hace ratos debían haber concluido el trayecto. Pero decidieron esperarla y aunque no van a su paso y se adelantan, nunca se mueven del lugar donde llegan hasta que ella los alcance. Para cuando lean esto ustedes , se supone que habrán terminado.
En la vida hay gente, mucha lamentablemente, que ha convertido lo sagrado en un sinfín de prácticas que en su sentido original nada tienen que ver con lo que se pretendía. Baste pensar en toda la importancia que hemos permitido se meta en nuestra cultura con la “celebración” de Hallowen o de los carnavales.
Ocupamos gente santa en la Iglesia. Bien lo decía el Beato Pablo VI y lo repetía San Juan Pablo II: el mundo necesita menos “doctores” que testigos o santos.
A mi me ha convertido más esta semana el testimonio de esta viejita, con los feligreses de su parroquia, que lo que he leído o escuchado, en años. Ser santo es un asunto de gratitud por la vida y frente a los obstáculos, saberse miembros de una familia, de la Iglesia; dejarse asistir por sus miembros, que peregrinan aquí a nuestro lado o que desde la eternidad nos alientan y sostienen.

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