Diálogos "Fe y Razón" Punto de Vista

Construyendo la paz

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Construyendo la paz
Diac. Carlos Eduardo  
carloseduardiacono@gmail.com
Hace poco escuché una muy interesante conferencia sobre los conflictos sociales y la paz. Estuve de acuerdo con el expositor en casi todo, pero no por completo, pues expresó que no hay una definición de paz propiamente dicha, pues ésta se define por la falta de su contrario: “ausencia de guerra”, “situación libre de conflictos”, etc. Estoy de acuerdo en que generalmente damos esta clase de definiciones negativas. Es más, el propio diccionario de la Real Academia de la Lengua recurre a ellas. Pero no tiene que ser así.
La paz no es una ausencia, sino una presencia de algo positivo y constructivo. Es un estado de calma, de serenidad e incluso de armonía entre las personas y los pueblos. Y este estado es necesario para el desarrollo humano y para la construcción, no tanto de ciudades o de bienes materiales, sino, ante todo, de un destino común para quienes comparten historia y geografía, o, en una palabra, la vida.
Es una falacia creer que la paz únicamente puede iniciar cuando cesan las hostilidades. Esto llevó a los romanos a acuñar la máxima “si vis pacem, para bellum” (si quieres la paz, prepara la guerra), derivada de un texto del escritor PubliusFlaviusVegetiusRenatus. Varios autores han llegado a afirmar que el progreso se ha dado gracias a la guerra. Lo único que progresa en la actividad bélica es la ingeniería militar. Si bien en el pasado algunos inventos bélicos tuvieron luego aplicaciones pacíficas, ciertamente esto no puede seguir siendo válido, dada la enorme capacidad destructiva de la guerra contemporánea.
La paz debe darse en todos los ámbitos, especialmente en los que actualmente están siendo más dañados, como la convivencia en diversas comunidades nacionales, que sufren violencia y narcotráfico, o  los escenarios políticos donde la retórica se convierte en agresión, calumnia o difamación, y los procesos electorales fomentan el temor y la crispación. Hay que invertir los planteamientos: “si quieres la paz, prepárate para la paz”.
La paz, como tantas otras cosas, es un valor que nace en el hogar, se afianza en la escuela, madura en la Iglesia y se cultiva permanentemente a lo largo de la vida. La paz social debe ser esencial en una auténtica democracia. No hay paz en la injusticia, en el marginamiento, en el olvido de los pobres, en la insolidaridad, o en el irrespeto. Construir la paz supone responder a las demandas y justas expectativas de la población.
La paz es lo propio del cristiano. El Señor Jesús vino a traernos la paz (Jn 14, 27); San Pablo dice que Él mismo es la paz (Ef 2. 14). Y es también una virtud, elevada a la categoría de bienaventuranza: “Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios” (Mat 5, 9).
Para el Beato Juan XXIII la paz es sinónimo de orden, tanto en la creación de Dios, como en la sociedad humana. “La paz en la tierra… no puede establecerse ni consolidarse si no se respeta fielmente el orden establecido por Dios. El hombre posee una intrínseca dignidad, por virtud de la cual puede descubrir ese orden y forjar los instrumentos adecuados para adueñarse de esas mismas fuerzas y ponerlas a su servicio” (Pacem in Terris, 1-2).

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