Buenas Nuevas

¿Qué quieres que haga por ti?

p7tonySalinas

Al encuentro de  la palabra… según San Marcos para la Lectio Divina
¿Qué quieres que haga por ti?
(Mc 10,46-52 XXX Domingo del Tiempo Ordinario)
P. Tony Salinas Avery
asalinasavery@gmail.com
Hoy la narración se nos ofrece desde el oasis de Jericó, la ciudad más antigua del mundo, está atravesada por un camino que va del Norte y se dirige hacia el Suroeste trepándose luego por losmontes pedregosos de Judá hasta llegar a Jerusalén. Precisión esta importante porque Jesús llegó a esta cuidad, en su camino hacia su destino final, la ciudad santa de Jerusalén. Es rarísimo que los evangelios señalen el nombre del enfermo curado por Jesús: en el pasaje de hoy en cambio, lo sabemos, es Bartimeo, que en hebreo significa “hijo de Timeo” (o Timai o Timoteo). La situación de un ciego para la sociedad pre-industrializada del siglo I tuvo que haber sido de total dejación y marginación. En el relato de hoy, aparece la hermosa realidad, el que no puedo ver con los ojos, puede hacerlo desde sus desde sus oídos. Así supo que Jesús pasaba y que podía sanarlo. La fe era por igual la luz de sus ojos ciegos, que le podía hacer ver.
La historia del milagro físico se convierte, hoy para nosotros, en la narración espiritual de una vocación a la fe y al discipulado. En efecto, se trata de una representación de una iluminación total que penetra en los ángulos remotos de toda la existencia. Bartimeo no es sólo un ciego curado, es un nuevo discípulo de Jesús, no es sólo un individuo en el que se ha obrado un milagro, sino que es también un “iluminado” en la fe, es un creyente, es casi un bautizado, como Pablo simbólicamente llama al bautismo “iluminación”.
En la historia de Bartimeo ha pasado, efectivamente, no sólo un taumaturgo sino el “Hijo de David” perfecto, Cristo Salvador, que ha borrado toda su oscuridad. Es sugestivo notar que en la narración la gente constituye un obstáculo: “lo reprendían para que se callara”. El ciego por sí sólo nunca habría podido identificar el lugar de la persona física de Jesús si este último no se hubiera detenido y hubiese dado esa orden: “¡Llamadlo!”. Ante esa voz, con la fineza sensorial del ciego, Bartimeo se precipita hacia el único que se ha preocupado por él.
Finalmente, el abrir los ojos para el Antiguo Testamento es ya una presencia de los tiempos mesiánicos, así lo señala los Cánticos del Siervo: “la luz para las naciones paganas y se abren los ojos de los ciegos” (Is 42,6-7). Marcos revela así la presencia definitiva del Mesías esperado, aquél que ha venido a abrir los ojos de los ciego. Señalando por igual el inicio de una fe que es causa de salvación que a su vez suscita también más fe. En una aplicación para nuestra vida, todos deberíamos escuchar la voz del Señor que nos llama, y que nos quiere sacar de la oscuridad en la cual podamos estar sumergidos. Dejémonos salvar por Jesús, a partir de aquí la vida resplandecerá de manera diferente y nueva.

A %d blogueros les gusta esto: