Diálogos "Fe y Razón" Punto de Vista

La dignidad del trabajo

p5dialogos

Diálogo “Fe y Razón”
La dignidad del trabajo
Diac. Carlos Eduardo  
carloseduardiacono@gmail.com
Lo esencial no está en ser poeta, ni artista, ni filósofo. Lo esencial es que cada uno tenga la dignidad de su trabajo, la conciencia de su trabajo”,   escribía Alfonso Guillén Zelaya, en su famoso poema sobre lo esencial. Estoy de acuerdo con él: hay, o al menos debe haber, dignidad en el trabajo.
Al preguntarme acerca del origen de la dignidad del trabajo humano, encontré una reflexión, fruto del magisterio de la Iglesia: “La persona es la medida de la dignidad del trabajo”(Compendio DSI 271). O sea que la dignidad del trabajo humano proviene de la dignidad de la persona humana, y ésta, a su vez, deriva de la naturaleza humana. Antropológicamente se le ha reconocido así, al ver las realizaciones del “Homo Sapiens”. Filosóficamente se le ha reconocido así, al comprender que el hombre es un  ser haciéndose, que se realiza a sí mismo gracias, en gran medida, a su propia voluntad. Jurídicamente se le ha reconocido así, siendo el ser humano sujeto y objeto de derechos, tal y como lo reconoce nuestra Constitución, que garantiza la protección de la dignidad de la persona humana (art. 59).
Los cristianos creemos en algo más radical y primigenio. La dignidad de la persona humana deriva del hecho de haber sido creada a imagen y semejanza de Dios, quien quiso que fuésemos personas, es decir, seres con una inteligencia para analizar y razonar, voluntad para decidir y sentimientos para amar.
Cuando hablamos del comportamiento de los astros, lo hacemos en sentido figurado, pues no deciden acerca de su movimiento, fruto de leyes preestablecidas por el Creador. Cuando hablamos del comportamiento animal, lo hacemos por analogía, pues está determinado por el instinto, una variable capacidad de asociación de ideas y una memoria que le permite a algunas especies cierto aprendizaje por repetición.
El ser humano, en cambio, actúa racionalmente y persigue finalidades en el acto de trabajar. Además, estas finalidades son por él moralmente condicionadas. Por eso decía S.S Juan Pablo II: “… no hay duda de que el trabajo humano tiene un valor ético, el cual está vinculado completa y directamente al hecho de que quien lo lleva a cabo es una persona” (Laborem Excersens AAS 73 /1981/ 590).  La agenda moral del trabajo humano visualiza la realización personal, al igual que el cumplimiento de las responsabilidades familiares y ciudadanas.
¿Cómo no sentir que la dignidad de trabajo ha sido olvidada, o al menos gravemente lacerada, cuando  observamos en nuestro entorno?  Tantos hermanos hondureños que han quedado cesantes, ante la necesidad de equilibrar las finanzas, deterioradas por irresponsabilidades institucionales del pasado.  Y otros tantos amenazados con el desempleo ante la posibilidad del cierre de sus centros de trabajo, debido a que el grupo empresarial a que pertenecen ha sido acusado de manejos finacieros ilícitos.
Porque todo gobierno debe buscar el bien común y el bienestar de los ciudadanos, los Poderes Ejecutivo y Legislativo deben buscar fórmulas administrativas y legislación oportuna para atender estas situaciones que, al poner en precario la dignidad laboral de tales ciudadanos, convierte en letra muerta la dignidad de la persona humana que se ha jurado defender.

A %d blogueros les gusta esto: