Punto de Vista Reflexión

El Sínodo no termina

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Reflexión
El Sínodo no termina
P. Juan Ángel López Padilla
La sinodalidad no es un asunto de unos días, al contrario, como bien nos lo ha recordado en estos días pasados el Santo Padre: Sínodo, es sinónimo de Iglesia.
De hecho, debe quedarnos claro que fuera de todos los semi-escándalos, las mentiras sin fundamento (como aquello de que el Papa tiene un tumor cerebral) y las eternas supuestas rivalidades de bandos al interior de la Iglesia; todos debemos seguir ejercitándonos en el arte de dialogar, de saber encontrar puntos de convergencia.
El Sínodo no puede haberse quedado en que si los divorciados ahora van a poder comulgar o no. Eso es hasta ridículo. Me pregunto si se han puesto a pensar, todos los que han llegado a hablar de “sacrilegio”, de “ruptura y traición a Cristo”; el ¿cómo lograr evitar que se den los tales divorcios? Existen los divorcios, pero ¿Qué los origina? ¿Qué estamos haciendo para que haya verdadera libertad y conciencia en los que se deciden a optar por esta vocación? ¿Sabrán lo difícil y doloroso que es separarse de alguien a quién en algún momento se amó? No se trata de ser dramáticos, o melodramáticos, se trata de ser fieles a la verdad Revelada pero con corazón de Buen Pastor. Y en eso es dónde todo parece topar. ¿O esto o aquello? O se vive la verdad sin misericordia; o se es misericordioso, negando la verdad. ¡Qué reverenda tontería!.
La nuestra, no es una Iglesia homogénea. Creo que ese afán eterno de querernos meter a todos en “el mismo costal” es una negación del principio básico de ser Cuerpo de Cristo, de ser comunidad dinámica, porque nos inspira la fuerza del Espíritu. La Iglesia Católica no se agota en un criterio, por muy bien intencionado que esté. Tanto como no se agota en un movimiento, en un grupo, en una parroquia, en una diócesis. Claro está que nos regimos por los mismos mandamientos y por las mismas palabras de nuestro Señor, pero lo cual no significa que la doctrina misma no debe ser cada día aplicada de manera más incisiva. La fe no se guarda en un congelador, sino que se la emplea para animar la vida concreta, para testimoniar una presencia, la de una persona viva.
Nunca como en estos días me he creído más aquello de que “las fuerzas del infierno no prevalecerán contra ella”, porque la Iglesia, nos guste o no, está mucho más allá de mis proyectos, de mis tendencias o inclinaciones.El principio de unidad no puede ser artificial o por conveniencia.
Por eso, con todo respeto, el Sínodo no se termina, porque ni el tema tratado, ni los retos pastorales deducidos o subrayados, se acaban. Debemos atrevernos a seguir caminando juntos. Caminar, no marchar.
Marcha hacen los cadetes de un regimiento, o los de una banda de guerra. Nosotros no marchamos, caminamos. No está malo que usted o yo caminemos un poco más lento o con el paso según su ritmo. Lo importante es no dejar de avanzar, no perder la meta, el destino.
En la familia pretender que todos piensen igual, actúen igual y sientan lo mismo; es una contradicción. Por eso debe cambiar nuestro lenguaje, debe enriquecerse el valor de formarnos, de darnos tiempo para estar, para ser. Hay que volver al principio, si es necesario. Y en el principio: ¡era Dios!

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