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La misión: una respuesta que cambia realidades

Estas muchachas y muchachos han sabido escuchar la voz de Dios y han salido de su zona de confort para palpar la necesidad que hay en el mundo.
Estas muchachas y muchachos han sabido escuchar la voz de Dios y han salido de su zona de confort para palpar la necesidad que hay en el mundo.

Ser misionero no significa estrictamente  salir de tu país,  de su continente,  puedes ser misionero desde tu propia casa, hoy vivimos en un mundo destrozado por falta de amor, de compasión, estamos llamados a cambiar esta realidad.
Texto: Suyapa Banegas
Fotos Equipo Fides/ CMAF/CFAM
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“Que la Iglesia salga de las sacristías y los cristianos se vuelvan unos a otros”, una de las primeras frases que pudimos conocer del Papa Francisco al iniciar su Pontificado.
Él promulga una iglesia misionera, nos dice que: “Seguir, acompañar a Cristo, permanecer con Él exige salir. Salir de sí, de la tentación de encerrarse en los propios esquemas que acaban por cerrar el horizonte de la acción creativa de Dios. (…) Debemos movernos hacia nuestros hermanos y hermanas, y sobre todo hacia los que están más lejos, los que son olvidados, los que necesitan comprensión, consuelo”.
Este es un llamado que nos concierte a todos los bautizados, allí donde nos ha tocado vivir, en la escuela, colegio, en el trabajo, en el hogar desde allí podemos hacer misión.EN BUSCA DEL ROSTRO DE CRISTO
Muchos deciden ir, salir de su zona de “confort” en busca del rostro de Cristo  que pide a gritos ¡ayuda! Y dejan todo atrás familia, amigos, estudio anteponen sus propios ideales por hacer propagar la semilla del Evangelio. Tal es el caso de Joel Enrique Molina  un joven de 25 años, oriundo de Pespire, Choluteca, quien a través del ejemplo de los Padres Javerianos y el trabajo que ellos realizaban en su zona va despertando en él servicio misionero. “Conocí la labor de los padres desde muy pequeño, fui monaguillo, salí del pueblo a estudiar, en mi parroquia me gustaba colaborar en todo, desde chofer hasta asear la casa cural, ayudar al párroco fue allí donde yo sentí el llamado más fuerte a una misión y a retomar lo que alguna vez uno de los Padres Javerianos me había comentado”.
Palpar la realidad de las aldeas, la sed de los campesinos por recibir la Palabra de Dios, lo hizo decidirse “Íbamos con el Padre Iván, mi párroco, allí mirábamos el fervor de las personas, un día visitamos a un enfermo y nos dijo que estaba muy contento porque realmente la Iglesia cumplía con la misión de ir más allá de nuestras propias fronteras” las palabras de aquel hombre enfermo hicieron que su llamado a la misión cobrara fuerza.
A pesar de que sus padres murieron cuando él tenía tres años de edad, Joel creció con sus abuelos y expresa “Mi abuelo murió hace poco y mi abuela la que es mi madre para mí, me impulsan a seguir adelante, yo le dije me voy a hacer misión a lo que ella le respondió “Si tú eres feliz en este camino cuenta con mis oraciones aunque yo quede sola sé que estarás bien”.

“Me siento muy identificado con la gente campesina”
“Mi sueño es trabajar con la gente campesina, me siento muy identificada con ellos porque desde pequeño viví esa realidad, por mis manos han pasado un machete, un azadón, de pequeño crecí en medio del campo con la gente, con el padre trabajamos con los campesinos”.
Por ahora Joel está en el Centro de Animación Misionera: “Acompañamos una comunidad que se llama Emmanuel, nos da satisfacción poder ayudar a la comunidad y hacemos diferentes actividades, creo que Jesús no sólo está en la Eucaristía y en el Evangelio, sino está en una comunidad que te recibe tal como es”.
“No debemos cerrarnos en nuestro mundo”.
Así como Joel también existen otros jóvenes que han venido a esta casa de diferentes lugares a perfeccionar el llamado misionero. Joao Marinho Netooriginario de Brasil después de hacer un pequeño proceso llegó a Honduras: “Mi formadora era una hondureña, ella me dijo tengo una noticia para ti, tengo tu aprobación para la siguiente fase del proceso de CFAM, tenía la opción de ir a Canadá o de venir aquí, lo reflexioné y me decidí por Honduras” “ Cuando llegué aquí hace un año yo no sabía hablar español, pero estudié aprendí la expectativa aquí es como vamos a estar aquí diferentes personas de varias culturas pero el sentido de la misión nos une”. Aunque dentro de los países existen diferencias grandes, también hay denominadores comunes como la pobreza. Para este joven misionero esto es un reto:“En Brasil también tenemos muchos hogares de pobreza al llegar aquí tenemos un impacto de una realidad llegas a comprender que tienes que aceptar esta realidad: niños de la calle, personas que están abandonadas por su familia, niños que tienen capacidades especiales, nosotros lo que hacemos es ver de una forma general el sentido del ser humano, que no importa donde esté, en qué lugar del mundo; vas a encontrar una realidad, la realidad que Jesús buscó en su tiempo, situaciones que la mayoría de la gente no quiere ver, la deja de lado porque nadie quiere asumir ese compromiso”
“Somos misioneros todos no importa donde estemos, no significa que ser misionero tiene que estar fuera de tu país,  de su continente,  puedes ser misionero desde tu propia casa, ser auténtico, hoy vivimos en un mundo destrozado por falta de amor, de compasión, no debemos encerrarnos debemos cambiar esta realidad”.

FORMACIÓN CMAF/CEMAC
La encargada de este Centro de formación es María Elena Tovar, una joven laica salvadoreña asociada a los Padres Javerianos y que decidió seguir el llamado de Dios. “Yo desde hace seis años me asocié a ellos, y he estado trabajando para lograr un sueño de Centroamérica que es el Centro Misionero Ad Gentes de América Central)CEMAC  para ver la posibilidad de la transición que se da entre el legado de los Padres Javerianos y el CEMAC, que es una forma muy diferente de ver la misión ya que ellos tienen su propio carisma, ellos lo dejan en manos de Centroamérica para que haya otros jóvenes que quieran de alguna manera ser parte de la misión pero ya más a nivel local”.
María Elena, explicó que esta idea se dio en el Congreso Misionero Americano CAM 2 en Guatemala “Allí se discutió el hecho de crear un centro misionero para América Central, y a los padres Javerianos les dieron la oportunidad de que ellos fueran los pioneros en esto y trasladar los conocimientos que ellos tienen”.
Esta misionera Ad gentes es fruto del CAM2, ya que ella trabajaba en Obras Misionales Pontificias, y es allí donde siente el llamado. “Yo comencé con el deseo de formarme y poder estar en este centro, conocí en El Salvador el trabajo de los Padres Javerianos a través de unos jóvenes,me llamó la atención y vine aquí al CFAM hice mi formación y allí tomé la decisión de ser misionera durante un tiempo para trabajar para Centroamérica”.
Durante varios años,  aprendió a formar a personas en todos los países de Centroamérica. “Este año he estado como directora y veo esto como un gran desafío, yo lo asumí por el deseo y la entrega de que otros se formen como misioneros”.
“Aquí llegan los muchachos cuando han terminado sus tres años de formación ellos están pueden seguir su formación dentro del CFAM que es ahora CFAM/CEMAC o deciden continuar su misión en sus países, y los que vienen de fuera son los que han conocido de cerca el trabajo de la Sociedad a través de los equipos que existen como: Brasil, Perú, Kenia entre otros”.
En esta casa se forma en cuatro etapas, durante nueve meses: “Se busca formarlos de una manera integral en cuatro áreas, la humana, la espiritual, apostólica y académica”. “Ellos trabajan en pastorales en zonas aledañas de aquí, se les da cursos y basta formación”. Cuando ya ellos terminan, deciden si van a ser misioneros dentro de sus países o fuera en otro continente” expresó.

ACOMPAÑAMIENTO ESPIRITUAL
El presbítero Roberto Bigras, sacerdote Javeriano acompaña a los misioneros en esta casa de formación desde hace un año, él analiza la misión Ad gentes: “El proyecto empezó en 1996 se llama con el Centro de Formación y Animación Misionera CFAM pero se añadió el proyecto de América Central promovido por los Obispos desde el Encuentro  en Guatemala, se han unido los dos proyectos CFAM y CMAC, los que vienen por CFAM están empezando a discernir una posible vocación en otro continente”.
“Este año tenemos seis muchachos de  Filipinas, Brasil, Honduras, Costa Rica y El Salvador, ellos están en un proceso de formación”.
El Padre Bigras hizo énfasis en que: “La misión quiere decir envío, las últimas palabras de Jesús antes del momento de la ascensión es vayan y sean mis testigos, hasta los confines del mundo”.

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