Diálogos "Fe y Razón" Punto de Vista

Estudiar, ¿para qué?

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Diálogo “Fe y Razón”
Estudiar, ¿para qué?
Diac. Carlos Eduardo  
carloseduardiacono@gmail.com
Dos veces me han hecho esta pregunta.  En una ocasión se trataba de una niña de seis años, matriculada en primer grado; en la otra era un joven universitario, decepcionado de su bajo rendimiento y porque su padre no había obtenido una plaza para la que estaba calificado y que le fue dada a otra persona, por eso que llamamos “enchufes”. No recuerdo literalmente qué contesté, en cada caso, pero sin duda habrá sido alguna respuesta común en esos casos, y aplicada a la edad correspondiente.
Acabo de salir de una reunión donde el tema ha sido el futuro de la educación en Honduras. La pregunta ha salido a flote desde mi memoria, y debe ser respondida como propiedad. Desde luego podría tener más de una respuesta válida, pero la que ahora me parece mejor es: “Estudiamos para crecer, aprovechando todas nuestra potencialidades”. Esto implica, en primer lugar, que tenemos la capacidad de crecer, y no estoy hablando de estatura, sino en diversos aspectos como el intelectual, el psíquico, el social, el moral, el espiritual y otros más. Algunos filósofos han definido al ser humano como un ser provisional, inacabado, alguien que, durante toda su vida está en construcción.
En segundo lugar el crecimiento que se produce por la educación será tanto más logrado cuanto se descubran y aprovechen las potencialidades de cada quien. Y es que no todos tenemos la misma inteligencia, ni el mismo estilo de aprendizaje, ni las mismas aptitudes. La verdadera educación debe ayudarnos a discernir los carismas o talentos que nos son propios. Pero esto requiere que no sólo tengamos esas energías potenciales, sino que queramos realmente crecer.
A este punto es obligatorio preguntarse si nuestro sistema educativo cumple este rol de ayudar a crecer, madurar y dar fruto. Hay que superar la tentación de contestar con un no, generalizando. Mucha de la gente más proactiva, bien preparada, diligente y positiva de nuestro país, han sido formados por ese sistema. Pero sí es válido revisar algunos indicadores, como los de productividad, competitividad, grado de satisfacción de empleadores, grandes realizaciones por profesión, etc., para poder dimensionar que debemos mejorar cualitativamente hablando y hacerlo pronto, para empezar a tener resultados a mediano y largo plazos.
La educación nos puede cambiar la vida, con tal de que cada quien estudie en función de sus intereses, aptitudes y anhelos y que haya calidad en las experiencias de aprendizaje.  Expertos en Filosofía de la Educación nos hacen ver que “la educación es un proyecto, un proceso y un resultado” (Mondragón, 1988).  Estamos obligados a replantearnos de nuevo el proyecto educativo, vale decir, la educación que necesitamos, para responder a los retos de un futuro que ya llegó, y que  de no hacerlo,  nos dejaría fuera del nuevo escenario mundial. En manera similar, habrá que renovar objetivos, contenidos, recursos y metodologías para que las nuevas generaciones obtengan una formación pertinente y sólida. Y deberemos acostumbrarnos a dar seguimiento a los egresados, buscar los indicadores de efectividad y manejar un diálogo permanente con los empleadores.
Pero atención: aunque la educación diferenciada y -si posible- personalizada nos permite ganarnos la vida, el trabajo no es el horizonte único de nuestros esfuerzos, Habrá que formar al ciudadano participativo, al padre o madre responsable y a la persona proactiva y creativa. Y habremos de educarnos también en la fe, pues nuestra dimensión espiritual y nuestra condición de peregrinos, así lo exigen. Y usted, ¿qué opina?

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