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Este Sínodo sea un camino de alegría y esperanza para las familias

Sinodo1

Ciudad del Vaticano, Octubre 2015 (ZENIT) Redacción

El cardenal Rodriguez Maradiaga dirigió una reflexión durante las oraciones de apertura del primer día del Sínodo de la familia.

Durante la oración de la Ora Tercera, el cardenal Óscar Andrés Rodríguez Maradiaga, arzobispo de Tegucigalpa, dirigió una reflexión a los padres sinodales venidos “de los 4 puntos cardinales, convocados por Pedro, movidos por el amor al Señor Jesús y a la Madre Iglesia” presentes este lunes a la primera sesión del Sínodo de la familia.

“Un camino empezado hace ya 2 años” indicó el purpurado, y si bien reconoció que “somos conscientes de nuestros defectos y límites”, aseguró que es “el Espíritu Santo quien en definitiva guía su Iglesia”.

Así indicó que “no somos una Iglesia en vía de extinción ni mucho menos. La familia tampoco, aunque está amenazada y combatida”. Y tampoco se ha venido al Sínodo “para llorar ni a lamentarnos por las dificultades”. Indicó que “buscamos la unanimidad que viene del diálogo, no de las ideas defendidas a ultranza” y que “el diálogo es la contribución a la paz, porque la Iglesia proclama ‘el evangelio de la paz’”.

Y lo que se busca no es “un proyecto de unos pocos para unos pocos, o una minoría ilustrada o testimonial que se apropie de un sentimiento colectivo”.

Aseguró por lo tanto que desean comenzar el Sínodo en paz, si bien precisó: “No es la paz del mundo, hecha de componendas y compromisos que tantas veces no se cumplen. Es la paz de Cristo, la paz con nosotros mismos”.

Y la conclusión es evidente, dijo, y citó dos textos: ‘El Dios de la caridad y la paz estará con Ustedes’. “Por eso podemos decirle: ‘Quédate con nosotros Señor’. No precisamente porque el día está terminando, sino porque está comenzando”.

“Un nuevo día para las familias del mundo”, sean creyentes o no creyentes, familias cansadas de las incertidumbres y dudas sembradas por diversas ideologías, como las de la desconstrucción, contradicciones culturales y sociales, fragilidad y soledad entre otras. “Quédate con nosotros Señor –pidió el cardenal– para que este Sínodo produzca un camino de alegría y esperanza para todas las familias”.

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