Arquidiócesis Iglesia

Nuevo párroco en San José Obrero

Momentos en que el padre Gerardo Vallecillo se dirigía a sus nuevos feligreses.
Momentos en que el padre Gerardo Vallecillo se dirigía a sus nuevos feligreses.

El padre Gerardo Vallecillo, asumió recientemente como párroco de la Iglesia San José Obrero de esta capital. Anteriormente prestaba su servicio en Reitoca, Francisco Morazán.
Texto: Eddy Romero
emromero@unicah.edu
Fotos Nelson Figueroa
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Entre un cúmulo de sentimientos  se realizó recientemente la toma de posesión del presbítero Gerardo Vallecillo, como párroco de la Iglesia San José Obrero de esta capital, quien sustituye al padre Ricardo Flores que ahora funge como párroco en la Iglesia Cristo Resucitado de El Loarque. El padre Vallecillo viene de prestar su servicio pastoral en la parroquia San Francisco de Asís con sede  Reitoca, pero que también corresponde a los municipios de Alubarén, Curarén, San Miguelito y La Libertad, todos en la parte sur de Francisco Morazán.
La Eucaristía fue presidida por el padre Carlo Magno Núñez, en representación del Cardenal Óscar Andrés Rodríguez y en calidad de Canciller de la Arquidiócesis, para dar fe de esta toma de posesión. En la celebración concelebraron los presbíteros Jorge Castillo, Jorge Palacios, que son vicarios de esta parroquia. Asimismo, los presbíteros Eduar Armesto Ruiz, Tony Salinas y el padre Ricardo Flores.

PRIORIDADES
Para el presbítero Vallecillo el trabajo pastoral que se tiene que realizar, debe estar fundamentado en tres aspectos o prioridades que él considera fundamental. He aquí dichas razones:
“La primera de ellas, es cuidar mis hermanos sacerdotes. Dios me ha bendecido con la presencia de dos sacerdotes que me acompañarán en esta noble tarea de dar vida pastoral a esta parroquia. Me parece tan gracioso, pero así será “Un Palacio y un Castillo cuidados por un Vallecillo”. En ellos tendrá lugar mi primera misión ya que de la comunión entre nosotros dependerá la misión que realicemos en la parroquia”.
“Mi segunda prioridad serán los jóvenes. En especial los jóvenes que se sienten tristes, solos, desanimados y en dificultades. Quisiera que Dios me concediera la gracia de sentir en mi alma todas sus dudas, sus tristezas, sus miedos, para que yo me pueda sensibilizar y pueda ser para ustedes un padre y un pastor. Tengo la fe también que seguiremos cosechando vocaciones para la vida sacerdotal y para todas las demás vocaciones que son un camino de felicidad en la Iglesia”. “Mi tercera prioridad, serán las familias. En especial aquellas que se encuentran en peligro o en dificultades, Debemos promover una cultura que recupere el amor y la ternura dentro de las familias. De todos los halagos que me dijeron en mi anterior parroquia al despedirme, me gustó uno que mucha gente repitió: “En estos cuatro años usted fue como un padre para nosotros”. Espero para ustedes también poder ser un padre amoroso al que todos puedan acercarse sin miedo. No obstante, aunque un padre será amoroso, muchas veces tendrá que poner orden en la casa para que las cosas vayan bien. Espero que sepan comprenderme cuando tenga que poner orden en la casa y sean ovejas dóciles a la voz de su pastor.”

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