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Cristos Negros, veneración enraizada en el corazón del pueblo hondureño

Son varios lugares del país donde se venera la imagen del Cristo Negro o Señor de Esquipulas y el pueblo hace gala de su fe, de su peregrinar y de su cultura.
Fe, tradición y cultura se funden en varias comunidades hondureñas con motivo de la celebración de los llamados Cristos Negros, cuya presencia en el país se enraíza  en los añales de la historia tras la colonización.
Miles de feligreses del país comenzaron sus manifestaciones de fe durante esta semana y las festividades continuarán mezclándose la alegría y las expresiones  culturales de las distintas comunidades. En los alrededores de Tegucigalpa dos comunidades están de fiesta:  una es Santa Lucía donde se venera el Cristo de las Mercedes y la aldea Cerro Grande, donde reverencian al Cristo Negro también denominado Señor de Esquipulas.
También en Cedros, (Francisco Morazán),  Gualala,  Ilama y Chinda (Santa Bárbara). Quezailica  en Copán,   Morocelí en El Paraíso, El Progreso en Yoro, Choluteca y  Comayagua en cuya Catedral se encuentra la venerada imagen del Cristo de Salma.
La religiosidad popular luce sus mejores galas y en los últimos años estas festividades han disminuido el número de peregrinos que en décadas pasadas viajaban hasta Esquipulas, Guatemala, para venerar al Señor de Esquipulas cuya imagen convoca a millares de centroamericanos.
La festividad se realiza entre el 13 y 15 de enero de cada año y miles de feligreses se desplazan  de diferentes partes del país a los lugares donde se encuentra una imagen del Cristo Crucificado, un santuario o ermita.
En Choluteca existe el Santuario de Esquipulas, un lugar de recogimiento y peregrinación al cual llegan centenares de feligreses de la Zona Sur, incluso de los países vecinos El Salvador y Nicaragua.
En El Progreso Yoro, el santuario de la venerada imagen se encuentra en la aldea de Agua Blanca y atrae a miles de feligreses de Yoro, La Ceiba y el norte de Francisco Morazán.
Los nativos de cada uno de esos sectores y las etnias asentadas en esos territorios hacen derroche de sus manifestaciones culturales, mojigangas, comidas típicas y ventas de artesanías.
Las eucaristías que se celebran son solemnes y en el caso de El Progreso son presididas por el obispo de la Diócesis de Yoro, Monseñor Héctor David García.

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