Opinión Punto de Vista

«MI VIDA POR TU LIBERTAD»

«MI VIDA POR TU LIBERTAD»
Padre Martin Atenco

María

Mt 10, 40-42

Quien a ustedes acoge a mí me acoge, y quien me acoge a mí, acoge a Aquél que me ha enviado. Quien acoja a un profeta por ser profeta, recibirá recompensa de profeta; y quien acoja a un justo por ser justo recibirá recompensa de justo. Y todo aquél que dé de beber tan sólo un vaso de agua fresca a uno de estos pequeños, por ser discípulo, les aseguro que no perderá su recompensa.

Queridos hermanos y hermanas nos encontramos reunidos, por la gracia de Dios, para realizar una obra buena, la cual encomendamos vivamente a las manos de María de la Merced para que ella no deje de interceder y ser mediadora para todos a cuantos les pediremos su ayuda; pero al mismo tiempo le pedimos a ella que sea la abogada para que todas las personas que nos ayuden no queden sin recompensa. No es que quiera dedicar esta obra a María, sino que ya es de ella. Por lo tanto, no podemos avanzar sin la compañía de María de la Merced. Así que cada paso que demos con el objetivo para recaudar fondos para la construcción de su Seminario que sea en su honor.

Tocaremos puertas nunca más abiertas, abriremos brechas jamás pensadas, escalaremos montañas, recorreremos caminos nunca más andados, pero todo lo haremos con María. Sin ella no demos paso, ni siquiera pensemos caminar. Sin ella ni siquiera miremos el horizonte. Así que todo con María.

En esta obra seremos portadores del espíritu mariano que alberga en el corazón de la Iglesia para que todos nuestros hermanos católicos y no católicos aspiren el perfume suave de la Madre de Dios. Encomendáremos a María de la Merced a todos los que se sumen a esta obra de Dios. Mi deseo no es que hallen la fatiga, que hallen el cansancio, ni mucho menos que hallen la preocupación; mi deseo es que compartan y vivan conmigo una experiencia mariana. Deseo que mis anhelos sean sus anhelos, mis ilusiones sean sus ilusiones, que mis esperanzas sean sus esperanzas; que mi fe sea su fe y que juntos en la caridad uniendo nuestro pensamiento, nuestras fuerzas y con un solo corazón y con todo lo que somos no dejemos de trabajar por Aquel que nos dio la libertad, Cristo, nuestro Redentor.

Que nuestra Madre Santisíma de la Merced nos cubra con su manto de merced para ser portadores de libertad.

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