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Obispos denuncian una “absurda explotación” de recursos naturales en C.A.

Por Honduras participaron Monseñor Ángel Garachana, Rómulo Emiliani, Luís Solé, Guido Charbonneau, David García, Darwin Andino, Roberto Camilleri y Miguel Lenihan.
Los obispos de Centroamérica, miembros del Secretariado Episcopal de América Central, SEDAC, al final de su reunión anual celebrada en la ciudad de Managua,  emitieron un Comunicado dirigido  a los pueblos de la región,  donde destacan estar conscientes  de  los  problemas  que  vive el área  y los enumeran de la siguientes manera:
“La  violencia  en  sus  variadas manifestaciones; las tragedias que viven los migrantes, especialmente mujeres y  niños”. Asimismo,  los desequilibrios económicos y sociales generados por una economía que no tiene en su centro la persona humana”.
Denuncia las consecuencias de un mal manejo o de “una absurda explotación  de  los  recursos  naturales  y  los  conflictos  sociales  en  torno  a  las  industrias  extractivas, hidroeléctricas y mega proyectos”.
Estas situaciones que  proyectan las sombras de la muerte sobre la región no desanima a los pastores y ellos expresan: “Pero las dificultades no nos desaniman: como creyentes en Dios Padre, somos personas de esperanza y, aunque, como obispos, no tengamos ni dependan de nosotros las soluciones técnicas, estamos y estaremos siempre, desde la óptica de los más pobres, dispuestos a apoyar las soluciones que conlleven equidad, dignidad y desarrollo integral”.

He aquí el Comunicado íntegro:
Comunicado del Secretariado Episcopal de América Central (SEDAC)
Los Obispos de Centroamérica, reunidos en el SEDAC (Secretariado Episcopal de América Central), saludamos con La Paz del Señor a todos nuestros hermanos y Hermanas y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad que comparten este hermoso territorio. Tal como es tradicional, nos hemos reunido en esta última semana del Tiempo Ordinario, compartiendo la oración, las preocupaciones y viviendo y experimentado la comunión fraterna.  En  esta  ocasión,  han  compartido  la  reunión  con  nosotros  delegados  de  las distintas Comisiones Episcopales de Medios de Comunicación Social. Agradecemos a todas las  personas  que  han  hecho  posible  y  facilitado  la  reunión  y  a  quienes  nos  han acompañado en la oración, incluso en la celebración diaria de la Eucaristía.
Manifestamos nuestra filial adhesión a la persona y al magisterio del Santo Padre. Sus gestos y palabras son un punto de referencia en nuestro deseo de vivir con sinceridad y coherencia el Evangelio y nuestra misión de ser pastores alegres, cercanos, acogedores y animadores de la comunidad.

DOLOR ANTE LA REALIDAD
En nuestra reunión, bajo la coordinación del Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales, el CELAM y la RIIAL, hemos tenido la oportunidad de participar en un seminario taller sobre la comunicación. La Iglesia, como decía el Beato Pablo VI, existe para evangelizar y, por ello, es comunicadora por naturaleza. La comunicación es transversal a toda la vida de la Iglesia. Necesitamos entender que sin comunicación no hay comunión, pero para ello es preciso abrirnos al otro no como a un simple destinatario o receptor sino como a un verdadero interlocutor.
Somos  muy  conscientes  de  los  problemas  que  vive  nuestra  región:  la  violencia  en  sus variadas manifestaciones; las tragedias que viven los migrantes, especialmente mujeres y niños; los desequilibrios económicos y sociales generados por una economía que no tiene en su centro la persona humana; las consecuencias de un mal manejo o de una absurda explotación  de  los  recursos  naturales  y  los  conflictos  sociales  en  torno  a  las  industrias  extractivas, hidroeléctricas y mega proyectos. Pero las dificultades no nos desaniman: como creyentes en Dios Padre, somos personas de esperanza y, aunque, como obispos, no tengamos ni dependan de nosotros las soluciones técnicas, estamos y estaremos siempre, desde la óptica de los más pobres, dispuestos a apoyar las soluciones que conlleven equidad, dignidad y desarrollo integral.

SINODO DE LA FAMILIA
Hemos vivido con esperanza la convocatoria y la celebración del Sínodo de la Familia y expresamos nuestra voluntad de asistir y acompañar a los hombres y mujeres que deciden compartir sus vidas, haciendo de su amor y del amor de Dios la razón y la meta de su compromiso. Pero, además, conscientes de que hemos de velar también por las ovejas que están fuera del redil, compartimos la preocupación por acoger a aquellas personas que, por razones variadas, pasan por situaciones irregulares. Esperamos que la próxima y definitiva sesión sinodal indique caminos de esperanza y fortalezca la familia como pilar fundamental de la Iglesia y de la sociedad, como escuela de valores cristianos y humanos y como semillero de vocaciones sacerdotales y religiosas. A partir de este próximo domingo, estamos convocados a vivir el Año de la Vida Consagrada. Es una buena ocasión para agradecer a Dios por tantos hombres y mujeres que, siguiendo con sinceridad y generosidad la llamada del Señor, han entregado sus vidas a la vivencia radical del Evangelio imitando a Jesucristo, Testigo del Padre, y dando testimonio de la absoluta primacía de Dios y de su Reino (cfr DA 219). Nuestro agradecimiento va unido a una oración insistente por las vocaciones a la Vida Consagrada.
La realización de esta asamblea en Nicaragua, nos ha dado la oportunidad de compartir con el Obispo y los fieles la celebración de los 90 años de la Diócesis de Matagalpa: con ellos y por ellos hemos orado para que el Señor siga fortaleciendo y guiando el caminar de esta Iglesia Hermana.

ADVIENTO: ESCUCHA Y ESPERANZA
La próxima celebración del Adviento pone ante nuestros ojos la figura de la Virgen Madre. Sin duda, Ella es el mejor icono de cómo vivir ese tiempo litúrgico en la escucha y en la esperanza. Pero no sólo eso. Como dice el Papa Francisco, Ella nos recuerda que “hay un estilo mariano en la actividad evangelizadora de la Iglesia. Porque cada vez que miramos a María volvemos a creer en lo revolucionario de la ternura y del cariño. En ella vemos que  la  humildad  y  la  ternura  no  son  virtudes  de  los  débiles  sino  de  los  fuertes,  que  no necesitan maltratar a otros para sentirse importantes” (EG 288).
Que María, “nuestra Señora de la prontitud”, nos disponga para escuchar la voz del Señor, para acogerla en nuestros corazones y para servirle en nuestros hermanos y Hermanas.

Managua, 23 al 28 de noviembre 2014

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