Caminar Punto de Vista

Juntas de construcción

Jóse Nelsón Durón V.
Las obras de los ingenieros deben ser prácticas, seguras, estables, durables y económicas para que cumplan con el propósito que les hizo necesarias y para lograrlo, el ingeniero que las construye o diseña necesita de las juntas de construcción, que pueden ser obligadas, diseñadas o necesarias por circunstancias de la ejecución. Con las disculpas de los colegas por la brevedad del espacio y las limitaciones del escritor, pensemos en un pavimento de concreto de medio kilómetro de largo; si es construido de una sola pieza, pronto aparecerán fisuras por el calentamiento del concreto, que escandalizarán, a él primero y después a todos, y pueden acabar con la estructura (y con el ingeniero). Las juntas, aunque lo parezca, no dividen la obra, más bien la integran y capacitan para aquel esfuerzo. Donde aparecen las fisuras, allí eran necesarias las juntas. Sucede lo mismo con la sociedad que vivimos, que tiene tantas fisuras; por ejemplo, ¡se nos están yendo los jóvenes! Ya sea migrando, desintegrándose o siendo asesinados, muriéndose: no hicimos las debidas juntas de construcción en sus vidas. En el caso de nuestros jóvenes, les hemos fallado; están y se sienten solos, incapacitados de manifestarse y de imprimir su huella en nuestra historia y se sumergen en las tinieblas de la soledad, donde los temores y malos consejos les arrastran a malas decisiones.
Cuando queremos fundir concreto nuevo con existente, la experiencia ha demostrado que en el punto de contacto aparece la fisura. Similarmente sucede en el encuentro generacional entre abuelos y padres, padres e hijos, estudiantes y maestros, niños y escuela, pastores y fe, fe y fieles, fe y obras, entre socios, cónyuges, copartidarios, colegas, hermanos, etc. No hemos contribuido a fundar uniones que,  aunque confirmen la diversidad, enfaticen, construyany busquen el bien común, fundamentados todos en el amor, respeto mutuo, justicia y solidaridad, esencias del Reino de Dios en la tierra, ése que estamos llamados a construir todos, ingenieros de nuestras vidas y constructores de la sociedad.El concreto es lo que somos y el acero lo que nos une. Por la falta de juntas apropiadas suceden las fisuras, pues cortamos el concreto y el acero, la persona y el amor, enfatizando los propios derechos e intereses; no prolongamos el acero de la comprensión, el perdón y el olvido de la ofensa a veces inexistente; no anclamos ambas partes con las barras de nuestros mutuos nexos, familiaresy de otranaturaleza, permitiendo que las fisuras nos dividan permanentemente y nos separen.Es el origen de divorcios, fugas, irrespetos, iras, ofensas y violencias cada vez mayores.
Cuando construimos tanques o embalsespara almacenar nuestros recursos y debemos construir juntas cortando en algún punto la estructura,sellamos las juntas utilizando bandas o masillas asfálticas para evitar el derrame y la pérdida de lo que protegemos, para también proteger de la intemperie el acero que dejamos pasar de una parte a la otra de la junta. Nuestras familias, grupos, partidos, colegios einstituciones son como esos embalses que resguardan los recursos de todos y deben responder y dar cuenta del uso que se les ha dado, ahora o en el futuro. Los entes gubernamentales son los embalses de los recursos de la sociedad, para lo cual les ponemos juntas directivas y gerentes que las dirijan, guíen y gobiernen, bajo la supuesta auditoría propia y externa y el testamentode sus servicios y protección. Pese a ello han sido dejados solos, a merced de políticos y empresarios malos, corruptos, haraganes o ineficientes, como ha sucedido desde hace mucho en juntas directivas, gerencias y presidencias, donde priva el desorden, la incapacidad, la trampa y la indiferencia. No podemos continuar así y debemos ser proclamadores de nuestras creencias; señaladores del bien, pero también del mal; constructores de mejores vidas y días e ingenieros de esperanzas a ser alcanzadas en el cenit de la utopía cristiana cuya casa  es el cielo. Esta es la obra fundamental y general, construir el Reino. Impedirlo es obra de otro y apoyándolo nos convertimos en sus hijos. Ignorarlo es hacer que triunfe su estrategia de siglos. “El que no cree que el diablo existe, corre el peligro de ir a conocerlo al infierno” San Pío de Pietrelcina.

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