Homilia

Homilía del 9 de Noviembre de 2014

homilia2Homilía del Señor Arzobispo en la Fiesta de la Dedicación de la Basílica de san Juan de Letrán
“Él hablaba del templo de su cuerpo” (Jn. 2, 13-25)
La Fiesta de la Dedicación de la Basílica de Letrán y el Evangelio de hoy nos llevan a tomar conciencia del sentido del templo, nos ayuda a seguir construyendo comunión, espacios de celebración, de encuentros de amistad y de vitalización.
Al subir a Jerusalén, Jesús encuentra allí el templo lleno de «vendedores y cambistas», hombres que no buscan a Dios, sino que se afanan egoístamente por sus propios intereses. Aquella liturgia no es un encuentro sincero con Dios, sino un culto hipócrita que encubre injusticias, opresiones, intereses y explotaciones mezquinas a los peregrinos.
“Haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo a todos”. No estamos acostumbrados los cristianos a la imagen violenta de un  Jesús  fustigando a las gentes con un azote en las manos. Y, sin embargo, ésa es la reacción de Jesús al encontrarse con hombres que, incluso en el templo, no saben buscar otra cosa sino su propio negocio.
La crítica profunda de Jesús  desenmascara aquel culto falso. El templo no cumple ya su misión de ser signo de la presencia salvadora de Dios en medio del pueblo. No es la casa de un Padre que pertenece a todos. No es el lugar donde todos se deben sentir acogidos y en donde todos pueden vivir la experiencia del amor y la fraternidad. El templo deja de ser lugar de encuentro con el Padre cuando nuestra vida es un mercado donde sólo se rinde culto al dinero. Y no puede haber una relación filial con Dios Padre cuando nuestras relaciones con los demás están mediatizadas sólo por intereses de dinero o de otro tipo.
Este gesto de Jesús, haciendo un azote de cordeles y echando a todos del templo es una verdadera provocación. Criticar la estructura del templo cuestiona uno de los pilares fundamentales de la sociedad judía. Jesús, con este gesto profético desbarata todo el montaje religioso de su época y toda la manipulación de Dios. Es un gesto profundamente liberador. Jesús no tolera que se profane el templo, ni que se manipule a Dios. Jesús no tolera la manipulación de Dios.
El Jesús que se nos revela en el Evangelio de este domingo no es un Jesús violento,  sino serenamente fuerte para devolver al ser humano su libertad: Él, Jesús, viene a liberarnos de toda opresión, también de  la  que se hace en nombre de Dios y  nos abre el camino de la plena libertad.
Jesús les dijo: “No convirtáis en un mercado la casa de mi Padre” Cuantas personas, sin atreverse a confesarlo, saben que en su vida, lo decisivo, lo importante y definitivo es ganar dinero, adquirir un bienestar material, lograr un prestigio económico. El dinero abre todas las puertas, pero nunca abre la puerta de nuestro corazón a Dios.
La reacción de las autoridades del templo es la de pedirle cuentas a Jesús: ¿”Qué signos muestras para obrar así?”. Jesús les contestó:”Destruid este templo y en tres días lo levantaré…..”El hablaba del templo de  su cuerpo”. Jesús Resucitado es ese templo levantado en tres días. Jesús es el verdadero templo de Dios, y todo ser humano también es templo de Dios, lugar de la Presencia de Dios.
Por eso, hoy, ante el episodio de la purificación el templo, estamos invitados a tomar conciencia de tantos templos vivos de Dios que son profanados y ante los cuales también tendríamos que reaccionar como Jesús.
Sabemos  que Dios  sigue siendo  profanado en sus templos vivos. Hay templos de Dios profanados por las leyes injustas, por el terrorismo y las guerras, por actos de opresión, por la crueldad y por la degradación humana. ¡Cuántas profanaciones y manipulaciones de Dios en los países más empobrecidos! ¡Cuántas profanaciones de Dios en el tráfico de  drogas o de armas! ¡Cuántas profanaciones de Dios en tantos marginados como produce esta sociedad del bienestar en la que nosotros vivimos!
Hoy, en la Fiesta de la Dedicación de la Basílica de Letrán, símbolo de la comunión de nuestras comunidades cristianas, tal vez, necesitaríamos preguntarnos: ¿Son nuestras iglesias espacios de encuentro y de comunión con Dios que nos urge a preocuparnos por los hermanos? ¿Son nuestras celebraciones un encuentro con el Dios vivo que se manifiesta en Jesús y que nos impulsa a construir su Reino y a buscar la justicia? ¿Son nuestras Eucaristías dominicales una escucha sincera de la Buena Noticia del Evangelio y una Celebración de Nuestra oración al Señor Resucitado hoy, presente en esta Celebración, puede ser:
Ven, Señor Jesús,  rompe nuestras esclavitudes,  y abre para  nosotros un  camino de encuentro y comunión.

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