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Siervo bueno y fiel entra en el gozo del Señor

Durante su juventud, siempre cercano al pueblo, impartiendo los sacramentos.
Durante su juventud, siempre cercano al pueblo, impartiendo los sacramentos.

“Un sacerdote incansable, siempre preocupado por los pobres, una persona visionaria que se preocupaba mucho de las personas de la tercera edad, de los jóvenes, siempre trataba que todos se acercaran a Dios” María Lydia Solano Díaz, Directora
del Campus El Tabor
Eddy Romero
eddyromero86@yahoo.com
Fotos/E. Romero y F. Agüero

Un ejemplo de vida, una persona cercana, un sacerdote según el corazón de Jesús, son algunos de los calificativos que se ganó el padre Pedro Drouin, presbítero javeriano, que partió a la casa del Padre esta semana, y que a su paso por Honduras dejó una huella imborrable en el corazón de quienes le conocieron.
Dinámico, carismático, sacerdote ejemplar, gran luchador y líder fue por diecisiete años párroco de la Iglesia La Guadalupe de  Tegucigalpa entre 1980 y 1997, fundó el Centro para la Espiritualidad y la formación Las Tres Rosas y Tabor en Valle de Ángeles, ayudó a muchas personas construyéndoles casas, creo numerosas guarderías infantiles,  e impulsó movimientos religiosos, como los retiros de iniciación en el Espíritu y Geproca.
El padre Drouin, llegó procedente de Canadá, primero estuvo un tiempo en Choluteca y posteriormente, fue designado a la parroquia la Guadalupe, se caracterizó por integrar mucho a los laicos en el trabajo pastoral.
El sacerdote tenía un sueño, crear una casa de Oración, como un lugar de descanso para los sacerdotes y religiosas que no tenían un lugar donde ir en sus vacaciones o tiempo libre, este sueño se hizo realidad y hoy en día es un lugar de mucha paz que ayuda a que muchísimas personas conozcan al Señor.
Por unos años, el Padre se había trasladado a descansar y recuperarse de su enfermedad en las instalaciones del Tabor, pero debió ser trasladado a Canadá para el último tramo de su enfermedad en donde falleció recientemente.

SU VIDA
Al cumplir sus Bodas de Oro sacerdotal, Radio Católica La Voz de Suyapa le realizó un especial, he aquí algunos fragmentos:
“Mi niñez ha sido un encanto, para mi, es el mejor regalo que el Señor me ha regalado, una familia con dos padres creyentes, educadores y muy sacrificados. Hicieron milagros de administración para permitirnos el estudio hasta nivel universitario en la mayoría de sus hijos. Mi infancia se caracteriza por una gran armonía familiar”.
Vivió una juventud dedicada al estudio, perteneció al grupo de los scout, desde los  lobatos y hasta ser scout, aprendió a valorar la riqueza de la naturaleza. “Yo tengo herencia indígena en la sangre, la montaña, el mar, los ríos me atraen de una manera excepcional”. Apreciaba enormemente este contacto con la naturaleza que le hablaba constantemente de Dios.
Desde muy joven pensó en ser sacerdote, el ser misionero vino después, “a la edad de 12 años me preguntaron mis papás que quería ser y yo les dije que quería ser sacerdote, me daba pena por la escasez económica, con mucho esfuerzo me ayudaron mis padres”.
“Mi hermano era acólito, a mí no me interesaba, yo formaba parte del coro de la parroquia”. Al hablar de su vocación sacerdotal considera que “es algo que llevaba en el corazón y que descubrí paulatinamente, era una atracción no tan definida para el sacerdocio como tal, pero el hecho de frecuentar la parroquia y los sacerdotes tuvo que ver, con el estudio de humanidades, fui descubriendo este llamado”. Recién ordenado sacerdote viajó a Pensilvania, donde le costó el idioma, posteriormente viajó por motivo de estudio a Roma, en donde realizó un diplomado en pastoral, algo novedoso en aquel tiempo.
En 1960 se le menciona por primera vez la palabra Honduras, “era una tierra árida, seca, había mucho desempleo, la agricultura prevalecía en aquel tiempo, ¿cómo vive esta población con esta situación? fue su pregunta.

DEJAR A DIOS, SER DIOS
María Lydia Solano Díaz, Directora del Campus quien compartió con el padre Drouin, dijo que él tenía dos frases muy importantes, que siempre usaba en el acompañamiento que el realizaba. La primera era“dejar a Dios, ser Dios” y la otra frase que era muy repetida por él era “la verdad siempre nos hace libres”.
Solano dijo que el padre “era un sacerdote incansable, siempre preocupado por los pobres, una persona visionaria que se preocupaba mucho de las personas de la tercera edad, de los jóvenes, siempre trataba que todos se acercaran a Dios”.
“Se presentaba como un ser humano, con una fe muy grande, pero no se imponía como sacerdote, él se hacía amigo de las personas a las que el acompañaba y en este proceso
iba haciendo que esas personas se acercarán a Dios”.

UN SOLDADO DE DIOS
Erick Andino, encargado del Control Administrativo del Campus El Tabor dijo que “No he conocido un hombre como el, tenía una paciencia enorme, una gran sabiduría, sabia como afrontar cualquier situación, cualquiera que fuera y siempre dando una solución muy acertada”.
“Me hizo ver las cosas de manera diferente, estoy impactado por su muerte, siempre que le iba a plantear un problema, él siempre me decía “calma”, cuando uno salía de hablar con él, miraba las cosas desde otra perspectiva, ya traía uno soluciones”.
“Él quería quedarse en Honduras, su preocupación era que sabía que algún día tenía que dejar el lugar que él fundó, al caer enfermo sus familiares se lo iban a llevar, él quería quedarse en ese lugar, fue un Soldado de Dios”.

CUANTO LOS AMA DIOS
José Ernesto Mendoza junto a su esposa, Blanca de Mendoza, fueron parroquianos de la Iglesia La Guadalupe durante  50 años y conocieron muy bien al padre Drouin, “en 1980, un domingo que llegué a la Guadalupe, me invitó a que le ayudará en la Misa, esa invitación hizo que mi familia asistiera regularmente a la Iglesia”.
“Posteriormente formamos parte del consejo Parroquial, tuvimos una relación constante, era un hombre con una personalidad cuya fuerza le venía de su vocación de servicio, completamente entregado a su vocación sacerdotal, su entrega dinámica le llevó a ser un excelente párroco y que se comprometida en lo cotidiano a su apostolado”.
Formo un grupo de oración de familia y por 14 años acompaño todos los martes por la noche sin fallar a todas las parejas.
“Aún vivo esa experiencia del padre Pedro en mi vida, me ayudó a crecer en la Fe, pero sobre todo, me ayudo a comprender que las pruebas y dificultades a lo largo de nuestra vida, sólo eran circunstancias en donde Dios hace crecer nuestra fe” dijo Blanca de Mendoza.
“Siempre estuvo presente, en la vida de muchos, porque son cientos de personas que quedaron marcadas por la presencia del padre Pedro, siempre preocupado por los pobres, crear fuentes de trabajo, de crecimiento, de oficios que les sirvieran para salir adelante en esta vida” concluyó esta familia.

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